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El equipo busca vida en Castellón y el club se instala en un silencio que habla por sí mismo

El Real Zaragoza se ha convertido en una burda recreación de la última temporada de Falcon Crest. A casi ninguno, con una mínima responsabilidad dentro de las estructuras del club, ni de quienes pretenden tenerlas, le cabe una mínima preocupación que vaya más de allá de sí mismo. Todo son cálculos personalistas, bloqueos estratégicos, egos endiosados y lo peor: incapacidades silenciosas, se diría que unánimes, que ni hacen falta consensuar y -ya hace tiempo- no resultan discretas para nadie.

Nos estamos muriendo, señores. Se lo escribo, como grito desesperado -y antes de llegar a los párrafos reservados para los abonados de esta web-, por si puede afectar alguna conciencia, más allá del desvelo por eternizarse en cargos excesivos o por negarse a despertar de sus sueños privados de estar todavía presentes durante la construcción de un campo nuevo. que nunca llega. Gracias por el primer rescate, aceptaremos que lo fue. Siempre será mejor pasar a la historia por ello que por ser quienes llevaron a Torrero el féretro de un club de 89 años de historia. Dejen entrar -a gente de fútbol y a bolsillos profundos- y permítanse salir. 

Víctor Fernández sigue sin decirle no al Real Zaragoza. Otra cosa es que le haya dicho que sí… No haberlo hecho, a estas alturas, está muy próximo a significar un implícito ‘no, por ahora’. Se entiende que quiera desembarcar en las condiciones menos desfavorables posibles, para evitar la desaparición y hasta para no ser parte de ella, pero si tu casa arde en un incendio y oyes a parte de tu familia gritar tu nombre…  Quizá sea un exceso -egoísta y poco imaginativo- volver a pedírselo a quien ya lo hiciera hace dos años y salió casi sin aire el verano pasado; sin que nada de lo que le provocó aquella asfixia haya cambiado, ni parezca tener ninguna intención de hacerlo. En cualquier caso, todo puede cambiar en las próximas horas: hacia cualquier punto cardinal.

En esta caída barranco abajo, que no ha tenido más voz oficial que la muda que la de un comunicado sonrojante por su levedad, Iván Martínez llega donde el domingo parecía imposible que lo hiciese. Esta tarde se sentará en el banquillo tras cuatro leves mejorías, que han desembocado en cuatro nuevas derrotas para la dolorosa colección, y lo hará en un partido absolutamente frontera: entre la esperanza cierta y la depresión más profunda.

Nada habrá ya ganado si se vence y todo se podrá revertir si se pierde; pero hay finales y finales, aunque se jueguen la segunda tarde de diciembre, con apenas un tercio de la competición disputado. Si este Zaragoza comprueba que tampoco es capaz de imponerse a uno de los máximos favoritos -con el más absoluto respeto, se dice- al descenso de categoría, además de empezar a descolgarse con un calendario todavía endemoniado antes de enero, desatará un terremoto emocional que, quizá siga sin afectar a las estructuras del club, pero devastará lo más sensible y preciado: la salud anímica del equipo y el corazón maltrecho del aficionado.

Ganar podría consolidar a Iván en el cargo y alejar la nube de Víctor, al menos unos días o alguna semana. Para lograrlo, dudamos si Iván mantendrá el 5-3-2 que compitió en Cornellá con mucha más solvencia de la esperada o volverá a un sistema más habitual de cuatro atrás. Cuesta imaginar la vuelta a un rombo sin James, por el reciente esfuerzo de Zapater, la versión aún menor de Ros (baja por paternidad, además) y la negación que se vive con Buyla. Abrirle el carril izquierdo a Chavarría debería ser obligado, siendo carrilero en un sistema de tres centrales o centrocampista de banda, con Nieto por detrás.

Azón y Vuckic se disputan la compañía arriba de Narváez, partiendo con merecida ventaja el jovencísimo canterano, por ser un preferido habitual de Iván y, sobre todo, por su muy notable desempeño contra el Espanyol. Vigaray y Tejero también sostienen un pulso igualado en el lateral derecho, con cierta ventaja para el primero si se ha recuperado de sus ligeras molestias y si se termina optando por línea de cuatro en defensa. En ese caso, al renunciar a los carrileros, sería necesario un centrocampista por derecha y ahí Zanimacchia y Bermejo opositan a la plaza. Ganar en Castellón daría algo de vida… No hacerlo obligaría al club a empezar a hablar, seria y responsablemente, o correrá el gravísimo riesgo de callar para siempre.

📷Alfonso Reyes

El posible 11 de Iván

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