Baraja reúne a casi todos sus santos ante un Mallorca con guadaña y rictus de enterrador

Con la duda del sobrecargado Narváez, la impresión es que Baraja seguirá exprimiendo a sus principales, en el quinto esfuerzo en 14 días para muchos, tratando así de salvar un duelo vital ante el Mallorca, que parece jugarse cerca de la puerta de Torrero y que puede significar el principio del fin de su estancia como técnico del Real Zaragoza.

Además -y mucho más importante-, todo lo que no sea una improbable victoria esta tarde, ante un recién descendido y segundo equipo más en forma de las últimas cinco jornadas -el primero es el Girona, rival este miércoles…-, podría significar la inminente caída a puestos de descenso -ya se está con los mismos puntos que el tercero y cuarto por la cola: Castellón y Sabadell-, con todo el peso emocional y anímico que ello supone. Todas las alarmas activarían sus luces y sirenas, por más que estemos hablando aún del inicio de la competición y que deban todavía recuperarse los dos compromisos pendientes.

No demos por perdido nada antes de jugarlo, por más que estemos demostrando nuestra habilidad para ensayar casi todas las maneras de perder. En Anduva, con un James todavía de prestaciones crecientes, empezamos a llenar de resistencia y contenido el centro del campo y por ahí no sufrimos la sangría que nos venía haciendo palidecer tras los, habitualmente, alegres y prometedores cuartos de hora iniciales.

Lo aconsejable sería que el nigeriano pudiera reposar el sobresfuerzo de casi completar el encuentro de Miranda y hoy asomar en la media hora final del choque, para evitar cronificar sus reveses musculares. Pero daría la impresión, por la desesperante situación del Real Zaragoza y la desesperada de su entrenador, que Baraja va a sentirse obligado a jugar a la ruleta rusa y apostará de nuevo por James de inicio.

Tampoco rotará, salvo mayúscula sorpresa, el trío formado por Tejero, Atienza y Guitián, porque Vigaray y Jair siguen recuperándose de sus roturas y porque Clemente se fue para luego no confiar en Francés. Muy probablemente seguirá el doble lateral, fórmula preferida por Baraja para la banda izquierda y que también complica la comprensión de la salida  como cedido de Lasure.

Este Real Zaragoza, de sufriente doble pivote cuando Eguaras lo integra y con sus centrocampistas de banda en plena búsqueda personal, hace días que pide una reconversión que se presume difícil con el actual entrenador, de convicciones inflexibles. Un 4-3-2-1 que libere los carriles a los laterales, sitúe tres centrocampistas centrales para ser capaces de gobernar y de ejercer como oposición, según tengas o no el balón; y reúna, detrás del punta, el talento conector de Bermejo y Narváez.

Vendría a ser, si Bermejo y Narváez ocupasen las bandas en fase defensiva y el sistema ahí fuese un 4-5-1, la propuesta táctica preferida por Fernández. Víctor, a quien se le presuponían grandes resistencias el otoño pasado para ajustarse al 4-4-2 que entonces pedía su equipo, con Guti al mando del doble pivote, terminó haciéndolo con el paso de las semanas y el Zaragoza despegó de un modo imponente. Quizá no lo hagamos de esa manera en ningún caso, ya que el potencial que se nos advierte es menos al de la temporada pasada, pero Baraja está llegando al final de su escapada en plena paradoja: la conveniencia de acercarse al dibujo preferido de su antecesor. Como, en sentido contrario, hizo Víctor hace ahora justo un año.

📷Alfonso Reyes

Posible 11 inicial

Deja un comentario

Ir arriba