Mucho castigo para tan poca afrenta

Pablo Díaz Stalla

MUCHO CASTIGO PARA TAN POCA AFRENTA

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El Real Zaragoza puede presumir de acumular diez jornadas sin perder y de hacerlo en el tramo más exigente del calendario

Si algo define en estos momentos al Real Zaragoza es que es un equipo muy difícil de ganar: diez jornadas consecutivas sin caer derrotado, en uno de los tramos más complicados del calendario, así lo certifican. El empate conseguido contra Las Palmas nos coloca prácticamente -a falta de la definitiva tranquilidad matemática- salvados del descenso. Con 12 puntos por disputarse, la distancia es de nueve con el Málaga, con quien se tiene el average perdido como peor noticia. Eso sí, entre ambos hay hasta cinco equipos. Esta situación, en la que apenas faltan unas brazadas para llegar a la orilla, se ha logrado a base de compromiso, trabajo y solvencia defensiva; de esperar y aprovechar la oportunidad que casi siempre se presenta en un partido. Salvo una de Bebé, a pase de Azón, las ocasiones y el dominio en el primer acto fueron visitantes. Las Palmas comenzó mejor el choque, en apenas cinco minutos dispuso de dos buenas oportunidades; pero el equipo de Escribá no es de asustarse y asume pasar momentos dominado sin venirse abajo. Cristian firmó un vuelo descomunal justo antes del descanso para evitar llegar por debajo en el marcador. Sandro no podía creer que su gran disparo a la escuadra contraria no hubiese terminado en gol.

Necesitamos que se aplique un criterio único. No puede ser que, a la hora de tomar una decisión, pese más el quién que el qué.

El Real Zaragoza arrancó la segunda parte con nuevos bríos, asumiendo el protagonismo en ataque. La banda derecha estuvo incisiva. Francho profundizó por ella tras un robo y buscó a Iván Azón en el primer palo, pero éste no llegó por poco. Tres minutos después Fran Gámez recuperó en área propia, combinó con Bermejo y condujo hasta cruzar un pase a la izquierda; allí Bebé aprovechó un resbalón fatal de Lemos para entrar al área y batir con zurda a Valles. Este gol alejaba del ascenso directo a Las Palmas y le obligaba a buscar, al menos, el empate. Aparecieron más espacios: la mejor noticia posible para el conjunto aragonés. Cuando éste se encontraba más cómodo y el partido daba la sensación de estar más controlado, apareció el VAR para corregir al árbitro. Esta vez tocó cruz en una jugada defendida intensamente por Nieto: despejó de cabeza y luego intentó meter el cuerpo a Moleiro dentro del área… En el movimiento termina golpeando levemente el balón con el brazo. Viera anota el empate de penalti. Era el minuto 82. De aquí al final, en un partido sin más sobresaltos, el árbitro Milla Álvendiz se erigió en triste protagonista: expulsando a Cristian por doble amarilla -inocente y equivocadamente, el argentino realizó un aplauso leve por la amonestación que acababa de recibir y ello le supuso la segunda- y provocando que el recién entrado Fuentes terminara el encuentro bajo palos. Pocas veces tan poco supuso tanto castigo. Alvéndiz llegó demasiado nervioso y autoritario al final, equivocándose en la expulsión y pudiendo influir en el resultado final. Es necesario que los árbitros de este país se junten y que alguien establezca un criterio único. No puede ser que, a la hora de tomar una decisión, pese más el quién que el qué.

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