Pablo Díaz Stalla

REAL ZARAGOZA 1998-2004. CAMPEÓN Copas del Rey 01, 04

Mi derbi particular

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Las dos camisetas bajo un mismo techo

Cada vez que se enfrentan el Real Zaragoza y el Sporting, da igual quién sea el local y quién el visitante, siempre es el partido más especial para mí. Y siempre lo será. Son los dos equipos en los que desarrollé mi carrera profesional. El Sporting, con su escuela de Mareo, me dio la formación, la base y la oportunidad de convertirme en futbolista; mientras que con el Real Zaragoza pude conseguir títulos cuando ya tenía la madurez necesaria. A ambos clubes -ahora sociedades anónimas-, y a sus respectivas aficiones, les estaré siempre agradecido por por el trato que me dieron: fueron críticas y exigentes cuando tocaba, pero también agradecidas y respetuosas, dentro y fuera del terreno de juego. Dos ciudades maravillosas en las que, siempre que voy, me encuentro como en mi propia casa. La casualidad quiso, además, que el estreno de esta sección en LEONSEPIA se produjese justo después del encuentro que ambos equipos protagonizaron en la primera vuelta y que tuve la fortuna de poder disfrutar en La Romareda.

Si quien golpea mejor se la pone en la cabeza al que remata bien…

En esta ocasión no pude asistir al Molinón, pero lo seguí por televisión con atención y con la intensidad que te da tener a un hijo con cada camiseta puesta: Hugo, la blanquilla; Micaela, la rojiblanca. Puedo asegurar que, pese a la rivalidad existente en el salón de casa, el duelo nunca se desvió de los cauces de la deportividad. Ambos conjuntos llegaban al choque buscando todavía su sitio y tratando de aclarar sus objetivos, aunque aún deberán pasar varias jornadas más, en los dos casos, para confirmar si hay que terminar mirando hacia arriba o hacia abajo. El partido comenzó como se esperaba, con un Sporting que estrenaba entrenador y salió bien intenso. El Real Zaragoza, poco a poco, fue controlando el duelo y logró que el rival apenas pudiera correr y crear peligro. Cuando no estás acertado en la llegada y definición, tienes que aprovechar la estrategia. El fútbol puede ser muy sencillo de explicar -no de ejecutar-: quien golpea bien la pelota parada –Eugeni-, que se la ponga al que remata bien –Jair-. Dicho y muy bien hecho.

Triunfo, sorpasso, average y el brillo de los meritorios Lluis y Grau

La victoria del Real Zaragoza en Gijón era muy importante por múltiples aspectos. El primero, sin duda, la clasificación: debido a la igualdad existente, enlazar dos victorias te da en apenas siete días el avance que -esta temporada- sueles tener en un mes y, al mismo tiempo- te aleja de los puestos de descenso. En todo el curso hemos estado tan lejos del peligro como ahora: 10 puntos. Este escenario despejado debería darle mayor tranquilidad al equipo para seguir creciendo y evolucionando en su propuesta. El triunfo, además, permitió adelantar en la clasificación a un Sporting en peligrosa caída libre y ganarle el average. No es menor otro factor… Se supo ganar con bajas estructrurales, como las de Francés y Petrovic. Lluis -después de una semana difícil- y Grau los suplieron con nota. El central, con su actuación, va a convencer -aún más- a JIM a la hora de desplazar a Francés al lateral derecho cuando toque sustituir a Fran Gámez. Y a Grau se le vio muy cómodo junto a Francho, compensando al equipo y cerrando espacios en defensa; mientras daba salida al juego con pausa, claridad y precisión. Todo grupo se multiplica cuando tiene la confianza de que no se va a notar cada vez que un jugador importante tenga que perderse un encuentro.

Azón ya se acerca a la versión con la que él mismo sueña

La entrada del Puma Rodríguez en la segunda parte, en esos minutos en los que el Real Zaragoza suele pasar alguna pájara, dio alas al Sporting, quien consiguió generar peligro y llevar el partido a un estado de incertidumbre, que tantas veces hemos vivido esta temporada. Sabemos que esa sensación suele hacer perder una ventaja momentánea y llevar al empate… Como así fue: en el minuto 93, nada menos. Pero algo ha cambiado emocionalmente en el equipo, sin duda. En los dos últimos partidos no se ha venido abajo ante un golpe duro del rival en forma de igualada. Por suerte para el Real Zaragoza, en esta ocasión Ivan Azón estaba en el campo. Un delantero joven y valiente, que de fe va sobrado y que interpreta el juego con la misma intensidad con la que lo vive. No siempre consigue canalizarla bien a la hora de la definición todavía, aunque  aquí sí estuvo impecable ante la salida desesperada de Mariño: sorteándolo por fuera y anotando luego a puerta vacía. En ese instante, disfrutamos de la versión de Azón, con la que él mismo sueña y que cada día está más cerca de conseguir.

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