Los niños salvan la casa

Hasta las historias más ásperas son capaces de regalar un escalofrío feliz final. Hace ya tiempo que la esperanza de supervivencia del Real Zaragoza gravita en torno a su Ciudad Deportiva: de su precisión y frecuencia para surtir de talento al primer equipo y -desafortunadamente- de dinero demasiado rápido a una propiedad con los bolsillos cosidos. Como si de un acto de redonda justicia se tratara, con todos ellos -con quienes salieron, han salido y saldrán- y con quienes la trabajan y dirigen, Francho y Azón gritaron anoche los dos primeros goles del partido que abrochó la permanencia y que nos libera de una temporada agotadora. ¡Salvados! Qué ganas se tenía de juntar esas ocho letras y qué lejos lo sentimos por momentos.

Azón, titular indiscutible en el desembarco último hacia la salvación, provocó también el penalti que dio lugar al 3-0 definitivo. Por un momento, se imaginó lanzándolo a Francés y que el triángulo cuadrase como la mejor de las poesías. Lo hizo Tejero, de delicado y algo hiriente Panenka, para completar otro partido soberbio. Además de la portería, quizá hayamos tenido también el lateral derecho mejor cubierto de la categoría: él y Vigaray. Lástima que el descenso del Eibar parezca garantizar su marcha. Ojalá se encuentre la fórmula: ser capaces de retener a Peybernes, Sanabria y Tejero es una viga maestra del trabajo de la dirección deportiva a partir de ahora. 

Bienvenidos al suspiro de alivio y… a la décima victoria desde la mesiánica llegada de JIM hace 23 jornadas. Diez victorias, siete empates y seis derrotas; no está mal para un entrenador defensivo que juega al empate… Ésta, la décima, quizá haya sido la más rotunda, aunque el Castellón pareció un holograma: se le veía, pero no es seguro que estuviera. Más allá de un inicio algo más decidido y mejor posicionado, pareció desangrarse con cada gol zaragocista y desprende un olor poco saludable de cara a las dos jornadas finales.

Francho encontró la escuadra izquierda de Whalley, en un disparó que se enroscó con maestría. Hay que ser puntual para festejar tu primer gol y que sea el de la permanencia: uno de ellos, al menos. La misma puntualidad exhibió la jugada, una doble combinación con Narváez, llena de talento y de buenas decisiones, donde ambos se iban encontrando en el momento exacto, para limpiar rivales y seguir progresando por el sector derecho mientras la defensa esperaba el cambio de juego y, finalmente, el centro al área. Pero Francho tenía una idea mejor… Serrano -ya se sabía- es pata negra.

Francho quizá fue la primera alegría de la temporada. Hubo que esperar diez jornadas para que Baraja se sintiera acorralado y acumulara el valor que le había faltado hasta ese momento para apostar por el mejor mediocentro que siempre ha tenido esta plantilla. Debutó, de titular, ante un Mallorca que era un monstruo de varias cabezas y resultó el zaragocista más destacado. Desde ese momento, sólo un Covid algo persistente pudo frenarle. Lo ha jugado casi todo, casi nunca en su posición natural de pivote y casi siempre ha conseguido brillar. Ojalá resistamos el verano sin aceptar ofertas por su traspaso y le demos las llaves de este coche la próxima temporada.

La previa anunciaba la vuelta de Francho a la titularidad -fue suplente en Las Palmas- y el regreso del Real Zaragoza al 4141. En un partido, donde ganar volvía a ser el objetivo y no perder volvía a ser la obligación, parecía evidente que JIM regresaría a la fórmula que más seguridad le ha dado desde que aceptó rescatarnos de alta mar. El burbujeante Bermejo recuperaba su posición en el once, pese a lo determinante de la última actuación de Zanimacchia; y ni siquiera la sombra de las rotaciones quirúrgicas salpicó a Azón -sí a Vigaray-, que ha acabado la temporada como el nueve casi único. Quizá en Mallorca, el lunes, tenga un respiro. Él y muchos otros.

A pesar del aspecto comatoso del Castellón, sí hubo un momento de cierta zozobra después del gol de Francho. Media hora más tarde, a unos cinco minutos del descanso. En una cesión a Cristian, poco exigente en apariencia, a Peybernes le pellizcó el gemelo y el cambio se creyó inevitable. Ahí nos llamó al timbre algún fantasma, porque Jair estaba sancionado y Atienza -de buen arranque de temporada, para ser justos- regresaba a la convocatoria tras casi dos meses lesionado…

El gemelo se pudo sostener con una venda compresiva y Peybernes volvió. para despejar una falta lateral saltando más que nadie. Pareció un último acto de servicio antes de llegar al descanso -algo heroico, porque ni siquiera estaba para subir a rematar los córners a favor-, pero salió tras el descanso y aguantó hasta mediada la segunda parte. Nada más marcar el equipo el tercero y sentirse el triunfo seguro, dijo basta, se tumbó al suelo y lo sustituyó Atienza.

Costaba convencer a los conocidos en febrero de que el galo se trataba de un refuerzo soberbio, mientras el impresionante momento de Jair y Francés como pareja lo mantenían inédito, pero terminó llegándole la oportunidad y pronto se hizo indispensable. Esta permanencia tiene muchos apellidos y uno debe ser el suyo. Confiemos en que Torrecilla encuentre el modo de que continúe la próxima temporada. Que el Almería logre ascender sería una gran ayuda.

El Zaragoza volvió del descanso con el colmillo afilado y los ojos inyectado en sangre, como si se hubieran prometido no regresar al vestuario sin el objetivo conseguido. Bermejo y Tejero comenzaron tarifando por banda derecha, Zapater sacó con la curva precisa el saque de esquina forzado por ambos y Azón atacó todas las espaldas para rematar a gol con una superficie indeterminada, entre el hombro y la oreja. Todo es toro… Casi nada, en este caso.

Dos a cero, nada más comenzar la segunda mitad. La dimisión del Castellón parecía inminente. Se tambaleaba al filo del precipicio un cuarto de hora más tarde, cuando una furiosa pelea de Azón en un contragolpe desordena al capitán Gálvez y éste termina por barrer la pierna derecha del canterano dentro del área. El VAR convoca al árbitro delante del monitor y la imagen es concluyente. Penalti. Tejero mandó a todo el mundo al suelo -a Whalley, literalmente-, dándole a la pelota ese vuelo adormecido que registrara sin patente el checoslovaco Antonin (Panenka) en la tanda de la final de la Eurocopa 76, ante la República Federal Alemana.

Dijimos que fue algo hiriente, por el delicado estado del rival. El recién ingresado Cubillas pareció opinar lo mismo, cuando atropelló sin necesidad al lateral. A Narváez, bastante activo y poco acertado en la búsqueda de su décimo gol de la temporada, le honra no haber querido tirarlo -ahora que apenas tenía transcendencia-, cuando se inhibió de lanzar los ardientes de Fuenlabrada y Las Palmas. Aplaudamos su coherencia desvestida de todo egoísmo.

Sanabria y Atienza entraron enseguida por Azón y Peybernes. Narváez pasaba a la punta, mientras el uruguayo alicataba la banda izquierda. A punto estuvo de marcar el cuarto, repitiendo cabezazo ganador. En esta ocasión lo atacó todavía con más furia que en Gran Canaria, a la salida de un córner. No se recuerda un futbolista de su biotipo que dispute los centros con tanta rotundidad. James y Zanimacchia dieron un respiro a Zapater y a Bermejo. El abrazo de JIM al capitán nos descontracturó la espalda de verlo. Hasta Vuckic jugó los diez minutos finales -en lugar de Zapater- y sus compañeros lo buscaron con cariño. Darle el tiempo y espacio que no ha tenido podría ser uno de los objetivos para estos dos últimos partidos.

Vernos décimos en la clasificación y no atragantarnos con la magdalena es el primer gran desafío del día. Es cierto que incluso el noveno -el Mirandés, con tres puntos más- puede estar a tiro y que no son lo mismo los ingresos que se termina percibiendo siendo noveno que decimoquinto; pero la diferencia económica real sólo la provocará un cambio de propiedad que suponga una inyección inaplazable de capital. Lo demás serán monedas, que apenas cambiarán la agonía en la que nos han empadronado.

El Mallorca quizá quiera disputarle al Espanyol el título de campeón -apenas se distancian en tres puntos- y el Leganés pelea con Girona y Almería por llegar lo mejor situado al playoff de ascenso. No parecen los mejores rivales -ni contextos- para sumar más puntos, además de la humana relajación que debería envolvernos ya y las rotaciones masivas que serían lógicas el lunes. Que el cainismo no se nos amontone si -ojalá no- cerramos la temporada con dos derrotas y caemos hasta la decimoséptima plaza. Nada debe contaminar el mérito acumulado desde diciembre y toda la cúpula del club ha de ser distinta la próxima temporada. No van a estar siempre los niños -y sus mayores, Zapater y Cristian– para salvarnos.

✍️Javier Hernández (@SepiaHdez)

📷 Alfonso Reyes (@Futbolgrafo)

Real Zaragoza: Cristian Álvarez; Tejero, Peybernes (Atienza, 68), Francés, Nieto; Eguaras, Zapater (Igbekeme, 75); Bermejo (Zanimacchia, 75), Francho, Narváez (Vuckic, 81); e Iván Azón (Sanabria).

Castellón: Whalley; Lapeña, Víctor, Gálvez, Delgado (Cubillas, 56); Bodiger, Ledes (M. Mateu, 67); Arturo (Carles Salvador, 75), Rubén Díez Jamelli (Señé, 75), César Díaz; y Juanto Ortuño (Zlatanovic, 56).

Árbitro: Ocón Arráiz (Comité Riojano). Amonestó a Arturo (52) y Cubillas (69).

Goles: 1-0, min.12: Francho. 2-0, min. 47: Iván Azón. 3-0, min. 66: Tejero, de penalti.

Incidencias: Partido correspondiente a la cuadragésima jornada de Liga disputada, a puerta cerrada, en La Romareda.

@Leonsepia

4 comentarios en “Jornada 40. Liga Smartbank. REAL ZARAGOZA 3- CASTELLÓN 0. Los niños salvan la casa”

    1. Javier Hernández Aguirán

      Muchas gracias, Luis!
      Nada nos haría más ilusión que hacerlo
      La temporada próxima será mejor a poco que cambien las cosas en el club (yo aún tengo que verlo…) y nosotros ya estamos preparando varias novedades que esperamos gusten mucho.
      ABRAZO

  1. En efecto; los niños han salvado la casa. De hecho, la llevan salvando desde que ha estado en peligro.
    Los tres, uno por cada línea, han sido fundamentales para darle sentido a la estructura de algo que se pareciera a un equipo.

    Han sido otros tres futbolistas curtidos, Zapater, Peybernes y Narváez, quienes han acudido a toque de rebato cuando llegó el nuevo entrenador y tocó la campana. El colombiano ya antes ejercía.
    Más uno que siempre está, esté el equipo o no esté: Cristian Álvarez, alias «puntos traigo».
    Sobre el rendimiento de estos siete samuráis, que no enanitos, se ha sostenido la rebelión y defensa del grupo. Además del compromiso de una sana plantilla que ha acompañado con el necesario e imprescindible esfuerzo colectivo, cada uno en su papel, como para llevar a cabo tamaño desafío casi imposible.
    Porque en ella creía su nuevo entrenador y la convenció. Ese es el éxito, mayúsculo, de Martínez.

    ¿Y ahora qué? Tiempo habrá de analizar el futuro. Que empieza hoy.

    Quedan dos jornadas intrascendentes que servirán para poco.
    Puede esconderse a Azón, como defendía Javier Hernández, pero los tiburones ya han olido la sangre y si se sigue la misma política de club ya sabemos cómo acabará la pesca, aunque mandemos al mejor de los dentistas a extraerle la herramienta.
    A mí, como escribí, sí me ha parecido bien usarlo dándole la titularidad porque el objetivo era superior: una salvación. Que, si bien la maniobra no la garantizaba, parecía evidente que con los otros no daba para ello. Y menos mal, porque Iván ha aparecido en los momentos clave.
    Relajados ya, que salgan ahora Vuckic, el Toro, Alegría, Larrazábal, Zanimacchia o Atienza.

    Pero parece que hay consenso en que éste ya no parece ser el camino correcto porque el cántaro ya ha ido demasiadas veces, hasta nueve, a la fuente. Tampoco el recorrido desde 2006 con los carruseles del mercadeo. Quizás tampoco valgan los esquemas mentales del siglo pasado, aunque fueran victoriosos.
    Habrá que encontrar el punto de equilibrio con la estructura conveniente y la estrategia competitiva empresarial y deportiva.
    Es preciso un nuevo rumbo para un nuevo mundo y una nueva época.

    En la parte que más vemos los aficionados, que es la composición veraniega de la plantilla, hay una máxima impenitente y que siempre ha funcionado: añadir lo justo y conservar lo necesario.
    Antaño, cada verano salían quienes no habían rendido y se ataban a los que sí. Cuando había alguna salida millonaria se aceptaba de mala gana como inevitable.
    Es decir: si no prosigue la estructura creada para poco habrá servido esta temporada.
    Por lo contrario, de estas brasas debería surgir un potente fuego.

    La política del club: ese es el meollo de la cuestión, lo sustancial, lo definitivo. Ese tiempo que, como digo, empieza hoy y sobre el que estamos ya todo el zaragocismo pendiente.

    De momento, en este viernes de abril… enhorabuena al zaragocismo.
    Seguimos vivos.

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