18.15h. Vamos y Movistar Liga

AIRE O FUEGO

El Real Zaragoza y el Málaga se citan en cuidados intensivos, en busca de un triunfo que detenga su presente resbaladizo en la tabla y permita un respiro vital. Gámez, la gran duda hasta última hora. Ganar, salvarse y vender

✍️ Javi Hernández (@SepiaHdez)

📷 Alfonso Reyes (@Futbolgrafo)

El Real Zaragoza se viene resbalando en la tabla, castigado por no encontrar nunca la peseta que le permita llegar al duro -cuando estamos bien en defensa, somos incapaces de marcar medio gol y cuando vemos puerta, no sabemos blindar la nuestra…-; mientras el periodismo se entretiene despellejando a los imperfectos Torrecilla y JIM -por carecer de licencia para la caza mayor- y la afición ya no sabe de qué disfrazarse, ni cuántos pañuelos agitar, para que algo cambie de una vez. El corazón y la fatiga nos susurran al oído que hay que vender ya, cuanto antes mejor, para empezar a ganar y salvar la categoría sin más apuros. Pero la conciencia y la información ordenan el camino: hasta que no se empiece a ganar y se termine de asegurar la permanencia, no habrá venta. Una venta de verdad, al menos. Donde ninguno de los actuales propietarios continúe: ni fuera ni dentro, ni cerca ni lejos. Ganar, salvarse y vender.

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A Torrecilla se le pediría que hablara si no lo hiciese -en un club donde durante tanto tiempo se le ha permitido a tanto cargo relevante ser actor de cine mudo- y el hombre demuestra no tener el don de la palabra. Al menos, el de la oportunidad. Insistir con la pomada en una herida abierta, ante la ausencia de puntos que la cicatricen, es una torpeza evitable. Como fue hablar de ‘guindas’ a finales de agosto, para que terminara llegando un César Yanis que se ha devuelto casi sin desprecintar. No se entienden numerosas decisiones de su gestión, algunas ni aunque se intenten explicar muy despacio -como la renuncia a un patrimonio deportivo propio como Clemente-; pero la plantilla actual posee muchos más matices y recursos que la que heredó antes del mercado de invierno de la temporada pasada, después de sufrir el enésimo recorte en la masa salarial que puede destinarse a la plantilla y de tener bloqueado su trabajo hasta principios de agosto, por un intento de venta en verano que tuvo mucho de engaño externo… e interno.

Quizá no sea una plantilla para regresar a Primera División- la que comenzó la temporada y la actual-, aunque si apagamos la hoguera de vanidades interesadas, este grupo puede acabar el curso más cerca de los 60 puntos que de los 50. Sería un buen progreso respecto a la campaña anterior y un buen punto de partida para quien se anime a aterrizar en una entidad con casi 70 millones de euros de deuda y ya diez años fuera de la elite del fútbol español. Parece improbable que Torrecilla y JIM continúen más allá de junio, sea cual sea el próximo escenario; pero a los accionistas minoritarios –Forcén y Yarza– les interesa estos días -y encienden todos sus ventiladores para ello- hacer carne picada con todo, para que la permanencia se complique cada vez más, el ambiente sea explosivo, los interesados en comprar a la familia Alierta su 50’56% -el mexicano Grupo Orlegi, por ejemplo- se retiren y ellos -ante la ausencia de candidatos en el sector mayoritario- puedan dejar el club en manos de un fondo norteamericano que les permita -aparentemente desde fuera- ser protagonistas en el campo nuevo y en todas las decisiones económicas, políticas y periodísticas relacionadas con el club en esta ciudad. Exactamente como hasta ahora, vamos.

Hablemos de fútbol, que esto es una previa, y mis píldoras le doblarían la espalda a Obelix… A JIM se le suele entender si se le escucha. Cuando parecía que la nueva confección de la plantilla llevaba a un nuevo patrón en el sistema -el Real Zaragoza se acercó al 442 contra el Valladolid y en Ibiza-, el técnico deslizó una clave: así se jugará ante rivales con un importante potencial ofensivo. El Málaga lo tiene, ciertamente. De hecho, es una plantilla con un evidente desequilibrio defensivo, que viene despeñándose en la clasificación: cinco puntos sumados y 19 goles encajados en los últimos ocho partidos han hecho saltar por los aires a su anterior entrenador -José Alberto- y fichar a un conocido no tan viejo como Natxo González. Cuando hay que buscar al rival – siguió comentando JIM-, recuperaremos los tres centrocampistas por dentro. Y éste es un partido donde estás obligadísimo a buscar el triunfo… Ese triángulo central bien podría rotar sus vértices y convertir el sistema en un 4231, pero desde El Juego del Sepia apostamos por volver a pisar huellas ya conocidas.

EL JUEGO DEL SEPIA

Fran Gámez va a ser la principal incógnita de la alineación hasta que los tests de antígenos de la mañana del partido permitan dar la convocatoria para el mismo. Se confía en un negativo de última hora del lateral y que esa luz verde le abra las puertas del once, pese a no haber entrenado con el grupo en toda la semana, como ya ocurrió con Petrovic contra el Valladolid. De no ser así, pese a que siempre existe la merecida y confiable alternativa de Ángel López, JIM insistirá con Francés de lateral y Lluis de central.

Con Francho, Petrovic y Narváez -muy mejorado en Ibiza- indiscutibles, quedarían tres incógnitas por resolver. Y ahí podrían asomar los tres fichajes de este mercado de invierno, o dos de ellos mínimo. Ahí se han centrado varias preguntas concéntricas al técnico y JIM, sin querer responder, ha parecido decir más no que sí. Tiene lógica -por importantes que sean los recién llegados y trascendente que resulte el choque- que se quiera cumplir con un cierto protocolo de aterrizaje y entren en la segunda mitad, para ser titulares en uno o dos encuentros. Borja Sainz, pese a venir de su partido menos brillante y estar ya recuperado Nano Mesa, se mantendría en banda derecha, con Giménez como referencia en lugar de Azón -a JIM se le ha escapado que los primeros entrenamientos de Sabin no han sido como nueve-; mientras que Vada -debido a los problemas físicos de Bermejo– podría adelantar en la foto finish a Eugeni. Partido de aire o fuego: de ganar y darse un respiro o no hacerlo y seguir resbalando hacia la hoguera. Ganar, salvarse y vender. En ese orden.

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