La gran depresión

Un gol cruel del Mirandés, en un descuento desmedido, castiga con un histórico noveno empate consecutivo a un menguante Real Zaragoza y lo acuesta en zona de descenso. Nano Mesa marcó en el primer minuto

✍️Javier Hernández (@SepiaHdez)

📷 Alfonso Reyes (@Futbolgrafo)

No hay consuelo. Ni siquiera el de la crueldad, que es indudable y persistente. Este Real Zaragoza lo empata todo, incluso los partidos que merece hacerlo… El gol de la igualada del Mirandés se sintió demasiado cerca durante la última media hora del encuentro, cuando al conjunto aragonés se le amontonaron los fantasmas caseros por no haber gritado todavía una victoria en La Romareda y se estuvo tambaleando hasta la durísima caída final, sin reacción válida desde el banquillo. El drama llegó en un minuto 95, que quizá ya no debió haberse jugado, porque los siete minutos de añadido fueron de otro partido, para asestarnos una puñalada artera en el corazón y sumirnos en una tristeza que nos declara en gran depresión.

El golpe anímico es tremendo y va a ser un reto para todos tratar de levantarnos de inmediato, sin atender a esas voces siniestras que ya intuyen lo peor recién estrenado noviembre. Se cae a puestos de descenso, tras nueve jornadas avanzando de punto en punto, y nos envuelve una niebla baja, que apenas nos deja ver más allá. Aunque sólo hace falta revisar sin anestesia al Real Zaragoza final de Baraja y al de Iván Martínez para afirmarnos en que el actual tiene mucho más potencial -seguimos invictos desde el 31 de agosto, a pesar de todo….-, la desazón es inevitable porque ya no nos queda cuerpo para almacenar tantas cicatrices. La noche ha sido muy oscura y sólo apetece rumiar la desesperación. Aquí -para quienes quieran continuar-, sin abrazar teorías apocalípticas de quienes han tenido la suerte de sufrir poco en sus vidas o de olvidarlo rápido, vamos a seguir dándole una explicación futbolística al partido y al futuro. 

¿Eres abonado a leonsepia.com y no ves la crónica completa? No olvides estar logueado en la web, con tu usuario y contraseña, para poder leerla. Si no lo eres, puedes abonarte AQUÍ.

Este equipo sólo necesita un triunfo: ayer se quedó a apenas dos minutos y ayer lo hubiera logrado si ya se llevase alguno y la ansiedad no apurara tanto. El triunfo va a llegar más pronto que tarde, por más que imaginarlo resulte un esfuerzo que ahora no se le va a pedir a nadie. Es muy probable que JIM tenga que buscar más allá de ese 4141 al que profesa una fe inquebrantable y es más que posible que deba afinar su lectura en los finales del encuentro. Pero llegará. Y el alivio tendrá un efecto liberador y multiplicador, con siete meses y casi 30 partidos por delante. Si lo que no mata, hace más fuerte -y salimos vivos también de este arranque maldito-, estamos desarrollando anticuerpos para pasar el próximo invierno descalzos y en manga corta.

Dos milímetros amigos permitieron al Real Zaragoza llegar por delante en el marcador al descanso: una sensación que no se había vivido esta temporada y que ojalá repitamos pronto porque es tan reconfortante como se imaginaba. El primero fue la distancia que separó la proyección del tacón de Onaindia del hombro de Nano Mesa. El canario, recuperado como punta derecho -la posición en la que mejor rinde en este sistema-, remachó en el área pequeña un balón que venía rebotado del cuerpo del defensa vasco tras un disparo de James. Y el segundo responde a la escasísima superficie del balón que tocó la línea de gol de la portería de Cristian, tras ser rematado por Camello y venir golpeado del poste. Fueron dos milímetros y dos instantes: el primero y el último de este trepidante acto inicial.

En realidad, el Real Zaragoza ya había caído al descenso antes de comenzar su partido. El milagroso triunfo del Girona en Fuenlabrada, donde Stuani -siempre Stuani- encontró un gol final muy parecido al de Brugué, obligaba al conjunto aragonés a ganar su encuentro nocturno si no quería dormir cuarto por la cola. Por ahí debería haber un cierto alivio sobre cómo puede convivir el equipo con esta situación, porque ya lo hizo ayer y su abordaje al duelo no tuvo nada que ver con el pacifista arranque contra la Ponferradina. Cierto es que se puso todo de cara muy rápido, antes de llegar al segundo minuto -aunque el VAR tardó dos más en validarlo, porque el asistente lo había anulado por presunto fuera de juego-, pero el disparo del James viene precedido de dos recuperaciones casi consecutivas, en un inicio desatado y digno de la necesidad que nos inflama las ojeras.

Nano Mesa cumplió con su palabra de salir con el cuchillo entre los dientes, aunque casi se rebana las venas cuando vio al asistente levantar el banderín. La lenta pero segura mediación del VAR le permitió una segunda celebración de un mismo gol. Se lo merecía -marcar y poder festejarlo por duplicado- por tanto compromiso y tanto infortunio. JIM sorprendió manteniendo en el once a Petrovic y a Adrián, pese a haberse valorado su buen rendimiento en Montilivi, y nos arqueó las cejas apostando por James como titular. La alineación parecía hecha a medida para evolucionar hacia el 4312 que el equipo pide a gritos -y los atacantes suplican-, pero se mantuvo inquebrantable el 4141: con Mesa y James por fuera, y con Francho y Adrián de interiores.

Petrovic repitió como pivote y firmó un partido soberbio. Su pie, en corto y en largo, es tan bueno como el mejor de la plantilla y su físico es capaz de completar coberturas inimaginables hace un par de semanas. No perdió una pelota, decidió siempre bien, llegó a tiempo a todas sus citas y hasta se marcó algún lujo -un par de conducciones y una vaselina- que obligó a La Romareda a frotarse los ojos y a romperse las manos a aplaudir. James, más allá de una última decisión defensiva en la primera mitad que casi supone el empate visitante -cuando quiso anticipar innecesariamente una pelota y fue superado de manera imprudente-, tuvo un impacto en el juego muy superior al que llevaba un par de temporadas demostrando y quizá fue uno de los más destacados hasta el descanso.

El Mirandés, áspero y consentido por Sagües Oscoz sin pelota, envió una expedición tras otra por su banda derecha, para acosar a un Chavarría amonestado sin motivo y para castigar las espaldas de Adrián y James. JIM no maniobró tacticamente con Francho para sellar la fuga de agua y las llegadas a línea de fondo, con posterior pase de la muerte, eran cada vez más frecuentes y peligrosas. Bajar a Francho al doble pivote o -si nos enrocamos en no variar el dibujo- permutar su posición con -Adrián hubieran contenido mejor la hemorragia. Antes del milimétrico no gol de Camello, que Cristian manoteó sobre la línea, Álex López, Iñigo Vicente y Simón Moreno ya merodearon el empate. Nano Mesa, de buena sociedad por derecha con Gámez, no supo resolver una peligrosa contra por el carril central y el Real Zaragoza comenzó a menguar, castigado por un árbitro de criterio desparejo y que permitió al rival amoratar los cuerpos de Francés, Giménez, Gámez y Francho sin enseñar ninguna amarilla -la de Iñigo Vicente fue por una discusión con Nano Mesa, que bien pudo evitarse apelando a la tranquilidad y al diálogo-.

JIM detectó que el empate -y hasta la expulsión de nuestro lateral izquierdo- podía ser inminente si no suturaba ese sector, reaccionó al descanso dando entrada a Nieto y a Zapater por Chavarría y Adrián. El Real Zaragoza lo agradeció defensivamente y el equipo, desplegado al compás de Petrovic y oxigenado por un trabajo imponente de Giménez -quien seguirá regalando grandes partidos lejos del gol mientras el 4141 continúe-, pareció recuperar una cierta comodidad hasta que Francés tuvo que sofocar un arreón de Camello con un agarrón desesperado y, algún minuto después, el entrenador visitante dio entrada a Gelabert y a Riquelme. Ahí se abrió el cielo y al diluvio se le unió una tormenta futbolística que, en el tercio último del encuentro, siempre amenazó con inundarnos.

Nano Mesa dio el último pase demasiado pronto a Álvaro Giménez en una contra que llegó a su escena final en un prometedor dos contra uno, y le terminó obligando a un disparo de zurda mucho menos peligroso de lo que debió ser. Ahí el canario pidió el cambio y el solicitado César Yanis, ya en pleno aguacero, lo sustituyó. El panameño entró enchufado, pero pronto el asedio rival le pasó por encima. Iñigo Vicente comenzó a endemoniarse y obligó a la segunda gran parada de Cristian de la noche: abajo a la derecha, donde Juan Sabas diría que pastan las vacas. Apenas unos minutos más tarde, llegó la tercera… Por el otro costado y en el otro palo: remate de Carreira y nueva respuesta mayúscula del argentino.

Cae James rendido físicamente a falta de diez minutos y ahí JIM vive su momento menos inspirado del encuentro. Decide que entre Bermejo, para dar continuidad a un plan que se estaba hundiendo en altamar y que necesitaba de una intervención más profunda. Lluis López -ya preparado para sustituir a un exhausto Gámez-, en lugar del nigeriano hubiera dado al equipo los tres centrales que daba toda la impresión de necesitar y, rogándole al lateral un esfuerzo final como carrilero, emplear el quinto cambio en el fuego que Azón podía darle a la primera presión y a aguantar balones que dieran el aire que faltaba. Giménez lo intentó todo, pese a estar ya fundido. Hubo un par de pérdidas peligrosas en campo rival, pero el Real Zaragoza corrió bien hacía atrás y hasta Petrovic bajó a Camello sin miramientos para cortar su progresión. Justo después, Riquelme se asoció con su compañero de la cantera del Atlético para rematar por encima del larguero un mano a mano ante Cristian.

Cuando la enésima falta merecedora de amonestación derribó a Francho en el cuarto minuto de un añadido hiperbólico, hasta el Mirandés creyó que el partido ya no tenía futuro. Y ahí Lluis López cometió una imprudencia similar a la del fatal gol de Galán en el primer derbi tras el confinamiento: decidió buscar a Bermejo, en un envío diagonal de casi 50 metros que era un regalo para la defensa visitante. ¿Qué pudo pensar Lluis para tomar esa decisión? No había ninguna posibilidad de que su compañero, bien marcado por un adversario mucho más poderoso físicamente, ganara esa pelota… Saca en corto, alma de cántaro, y que el tiempo siga corriendo mientras mantienes la posesión lo más posible. Todo balón que se aleja rápido sin sentido, regresa a mayor velocidad. Lo hizo. Se envió a córner no sin apuros y, en el saque de esquina, Brugué -novedad por Iñigo Vicente en la recta final, en lo que parecía el cambio de un amigo- se revolvió en el área pequeña para superar a Cristian y fusilarnos el ánimo a todos. Ya son muchos los partidos que hay que ganar y, al contrario de la segunda vuelta de la temporada pasada, no se consigue. Cada vez estamos más cerca y cada vez lo imaginamos más lejos. Llegará pronto si pasamos al 4312, si estamos precisos en los últimos cambios y si nos obligamos a que la gran depresión apenas nos dure unas horas.

REAL ZARAGOZA. Cristian, Fran Gámez (Lluís López, 82´), Francés, Jair, Chavarria (Nieto, 45´), Petrovic, Francho, James (Bermejo, 81´), Adrián (Zapater, 45´), Nano Mesa (César Yanis, 69´) y Álvaro Giménez.

MIRANDÉS. Lizoain, Carreira, Odei, Arroyo, Letic, Meseguer, Alex López (Gelabert, 68´), Rey (Riquelme, 68´), Simón, Vicente (Brugué, 86´) y Camello.

ÁRBITRO: Sagués Oscoz (comité vasco). Amonestó a Nano Mesa (min. 15), a Chavarria (min. 29), a Francés (min. 63), y a Petrovic (min. 87) por parte del Real Zaragoza; y a Vicente (min. 15) por parte del Mirandés.

GOLES: 1-0; Nano Mesa (min. 1), 1-1; Brugué (min. 95).

INCIDENCIAS: Partido correspondiente a la decimotercera jornada de Liga, disputado en La Romareda. 14.000 espectadores.

6 comentarios en “Jornada 13. REAL ZARAGOZA 1- MIRANDÉS 1. La gran depresión”

  1. Javier javierg.forcada@gmail.com

    Tal vez, haya que pensar que una mente más ambiciosa dirigiría mejor a este equipo. Parece desagradecimiento, pero la testarudez «aragonesa» no conduce a nada a veces. Cambiar el entrenador? hay que plantearlo ya.

    1. Javier Hernández Aguirán

      Hola, Javier!
      Cuesta pensar que haya que destituir a un entrenador que lleva dos meses y un día sin perder. Claro que la dinámica de no ganar se lo llevará por delante si no la rompe pronto y favorablemente, pero yo prefiero que sea él quien cambie -de sistema y de acierto en los cambios finales- a la moneda al aire y el tiempo de adaptación que siempre supone un nuevo entrenador.
      Empezamos a tener un problema psicológico que no sabemos manejar, pero este equipo esta vivo, y se le está disparando con críticas que definen más al Real Zaragoza de la primera vuelta de la temporada pasada.
      Abrazos

  2. Borja Duque García

    La temporada pasada se ganaron muchos partidos con partidos tan mal jugados como el de ayer. Este año no.
    En la segunda parte nos dieron un baño y, si no es por Cristian, el resultado justo hubiese sido un 1-3 o 1-4 perfectamente.
    El equipo por físico, por que se lo ordena el míster, por cabeza… por lo que sea, los últimos 20 minutos los decidió pasar en nuestra área. Un plan horrible siempre.
    La plantilla no es gran cosa pero Jim está fallando en los cambios. Ayer en minuto 70 Eguaras hubiera dado poso al mediocampo y Azón hubiera amenazado y aguantado más balones que Giménez que estaba ya fundido. El cambio de Zapater por Adrián tampoco es comprensible (igual estaba tocado).
    Ciertamente, o empieza ya a ganar o a Jim se lo cargarán a no tardar. Ayer La Romareda estuvo «tranquila» por el marcador a favor todo el partido pero el equipo ya empieza a hartar a los más pacientes (que somos los que seguimos en el estadio tras más de una década de desastres). Da miedo viendo el ojo de esta directiva con los entrenadores…

    1. Javier Hernández Aguirán

      Hola, Borja!
      Tienes bastante razón, aunque creo que el asedio fue en los 20-25 minutos finales que comentas. Ahí Eguaras debió entrar por Mesa y posiblemente, si el equipo seguía sin encontrar el balón, apelar al espíritu numantino y sacar a Lluis López cuando James dijo basta. Azón era oxígeno puro durante el cuarto de hora final y seguro que JIM se lamentó de agotar los cambios y no poder sacarlo, pero se equivocó apostando por jugadores (Yanis y Bermejo) que eran recambios naturales para sostener la propuesta, cuando se veía que el plan original difícilmente iba a dar para llegar a la orilla.
      La paciente Romareda, a diferencia de la mayoría de medios de comunicación, sigue teniendo claro el orden de responsables y sigue sin silbar al entrenador y a los jugadores, mientras abroncó a la directiva, pidiendo su dimisión, al terminar el encuentro.
      Ánimo, ayer estuve viendo al Burgos y me ayudó a ir saliendo de la gran depresión…
      Abrazo!!

  3. Hola a todos.
    No se si Adrián estaba tocado al descanso pero me pareció precindir de él una frivolidad… cada balón que tocaba ponía calidad en la jugada.
    Y aún así viste al Burgos… no tienes remedio.
    Un abrazo a todos

    1. Javier Hernández Aguirán

      Jajaja!
      No soy un caso tan perdido, Luis, no te creas. De hecho, he de confesar que desde que nació leonsepia.com veo el menor fútbol que puedo para refrescarme lo más posible de todo lo que el Zaragoza absorbe y desgasta. Pero tenía curiosidad por ver al Burgos y me dio una impresión decepcionante. Ojalá la repita el jueves.
      En cuanto al cambio de Zapater por Adrián, a mí me pareció una buena respuesta táctica en su momento al peligro que estaba acumulando el Mirandés por nuestra banda izquierda, luego es cierto que el equipo perdió poso en el medio y la solución dejó de serlo. Quizá hubiera bastado con reacomodar al equipo en un 4231, con Francho a la izquierda de Petrovic en el doble pivote y Adrián en la mediapunta
      ABRAZO

Deja un comentario

Ir arriba