El empate interminable

El Real Zaragoza no compareció en la primera mitad, volvió a encajar primero y rozó la remontada en una media hora final llena de corazón y ocasiones. Vada igualó de penalti

✍️Javi Hernández (@SepiaHdez)

📷 Alfonso Reyes (@Futbolgrafo)

Quien más necesita ganar debe demostrárselo al rival desde el primer minuto y ayer el Real Zaragoza, mucho más exigido en la clasificación que una relajada Ponferradina, se permitió un lujo inconcedible: pasar de puntillas por el encuentro hasta el descanso y evitarle al adversario 45 minutos de intenso deseo de victoria. Vada, el faro del equipo en la segunda mitad y autor del gol del empate final, lo resumió nada más acabar con una prosa hiperrealista: «hicimos una primera parte de mierda». Cuando alguien le encuentra la definición exacta a un concepto, sólo queda entrecomillarlo.

Lo fue no porque se jugara mal -desde luego no se hizo bien-, sino porque no se entendió la tibieza de un equipo aragonés, que vive un cruce de caminos que puede marcar su temporada y sabía que darse ayer una alegría ante su afición podía liberarle de una sensación cada vez más envolvente: no ganamos a (casi) nadie. Y quien no gana, por más que no pierda, se condena al sufrimiento eterno. Tuvo que adelantarse el adversario -una jornada más…- para jugar el encuentro desatado y emocional que debió ser desde el inicio: se consiguió empatar y se rozó la victoria. El Real Zaragoza estuvo cerca de ganar de nuevo, aunque -en esta ocasión- no lo mereció por permitirse un primer tiempo de injustificables servicios mínimos.

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No sería justo que la ceniza del primer tiempo ensuciara a todos por igual. Álvaro Giménez corrió por él y por Narváez en un plan que contaba con que ambos lo hicieran por igual. El colombiano, a quien JIM lo reunió con el nueve en un 442 que escoró demasiado a Vada, pidió las asistencias por unas molestias musculares a los diez minutos de partido. La escena, con Narváez sentado sobre el césped con ambas piernas estiradas, parecía el claro preludio de una sustitución temprana y desafortunada. Contra todo pronóstico, volvió al partido… y lo terminó. Pero fue una versión mucho más reducida, especialmente -y ahí hay más deseo y compañerismo que problema físico- sin balón.

JIM insinuó en la previa que algo se estaba haciendo mal y, por tanto, había que ensayar alguna modificación. Se especulaba si podía ser incluso estructural -de sistema de juego- o sólo de jugadores, manteniendo el 4141. Finalmente, hubo novedades en ambos frentes: Borja Sainz entró por Bermejo y unas pequeñas molestias de Chavarría convirtieron a Nieto en la segunda gran sorpresa del Real Zaragoza. La primera, la mayor, fue comprobar cómo se ordenaba sin balón en un 442, con Vada de centrocampista por izquierda y Narváez a la altura de Giménez.

Sin Francho disponible desde el inicio -de hecho, aquí lo imaginábamos titular y no salió ni un minuto…- y con un plan anterior que se demostró demasiado débil sin el joven canterano, la nueva propuesta consistía en presionar la salida de balón mordiendo con dos delanteros, para incomodar a la Ponferradina en su propio campo y forzarle a pérdidas o a quitarse rápido el balón de encima; para irse estableciendo en campo rival y ahí, ya cerca del área contraria, poder castigarla con un mímino de dos atacantes pisándola. Construir menos e incomodar más. La idea pudo ser ésa, pero la puesta en práctica resultó más que imperfecta.

El amago de lesión de Narváez lo inhabilitó -o eso consideró él- para acompañar a Giménez en la primera línea de presión. El colombiano apenas se activaba cuando era el Real Zaragoza quien tenía la posesión del balón y éste pasaba cerca suyo, de manera que -por más esfuerzo que le dedicaban Giménez, Sainz y Zapater-, el conjunto aragonés apenas era capaz de recuperar ningún balón y ahí, con un sistema que orillaba a Vada y comprometía progresar por asociación, el suelo se resquebrajaba bajo nuestros pies.

Un error de Fran Gámez, quien perdió la pelota por no ser capaz de sacar rápido un centro, obligó a Eguaras a interrumpir una peligrosa contra de la Ponfe y ver una amarilla que lo condicionaba todo el partido… Resultó determinante para el gol de Cristian Rodríguez nada más comenzar la segunda mitad, como ya comentaremos. Zapater no era capaz de poner un buen centro en la multitud de faltas que concedió la Ponfe en campo propio -apenas un envío al segundo palo, que ganó Nieto y su pase de la muerte fue cortado por Copete-. Precisamente Copete, unos minutos más tarde, interrumpió la carrera de Narváez hacia Amir -tras pase atrás imprudente de Pujol- y Pascanu pudo llegar a tiempo para cortar la acción. La falta con amonestación fue clara, pero el colegiado puso los ojos en blanco y prefirió no ver nada. Copete hubiera sido expulsado, por segunda amarilla, en el minuto 53, tras una dura falta sobre Borja Sainz. Bolo lo tuvo claro y lo sustituyó de inmediato.

Fin a una primera parte invisible, impropia de un equipo que, a fuerza de no ganar, vive una espiral agotadora: cada partido es el partido más importante de la temporada. Se esperaba que JIM interviniera al descanso, como había hecho en los partidos anteriores acaso con menos motivo, y el que lo hizo fue Bolo, dando entrada a un afilado Dano Ojeda por el desaparecido Agus Medina. Sí hubo una modificación, aunque no entrara ningún jugador desde el banquillo: se recuperó a Vada para posiciones interiores, en una vuelta al 4141, y el argentino pronto creció de modo exponencial.

Sin tiempo a asentarse, un córner no rematado derivó en una contra vertiginosa liderada por Ojeda, a quien Eguaras le abrió la puerta para evitar ser expulsado con toda la segunda parte por delante. Su zancada resultó imparable y supo encontrar a Saverio en el momento junto, entre varias piernas: éste descerrajó un zurdazo que estalló contra el larguero de Cristian, botó cerca de la línea -por fuera- y el rechace lo cabeceó a gol Cristian Rodríguez. La historia se repetía: de nuevo, el rival marcaba primero. La diferencia en esta ocasión es que tú no habías hecho casi nada para merecer lo contrario.

Los primeros pitos -tímidos y merecidos- de la temporada comenzaron a escucharse en La Romareda y el Real Zaragoza, como si profesara una religión masoquista y necesitara ser golpeado primero, aterrizó en el partido por fin. Francés -aún lejos de su extraordinario nivel previo a su última convocatoria con la sub21- disparó cruzado con intención y casi empata. Narváez obligó a un despeje poco académico a Amir en un centrochut y Gámez se perdió una ocasión clarísima, en una volea con derecha que se marchó por encima del larguero. Bolo oía silbar las balas cada vez más cerca y reforzó su estructura defensiva con Amo y Morán. JIM tenía que pedir la palabra y lo hizo: triple cambio a falta de 25 minutos.

Azón, Nano Mesa y Petrovic entraron por Sainz, Zapater y Eguaras, pasando a un 424 algo suicida y puede que necesario ante el efecto devastador que una derrota habría tenido. Petrovic -de más a menos con la pelota- demostró en sus tres primeras zancadas que ya se ha puesto en forma, Vada se hizo el dueño del mediocampo y la cuádruple amenaza resultaba difícil de contener para la Ponfe. Ni siquiera la salida de Yuri intimidó a un Real Zaragoza ya en trance. En una contra rabiosa, Amo atropella a Narváez dentro del área y el árbitro decreta penalti. Mesa quiere tirarlo, pero Vada le puso palabras a sus galones y no tardó en convencerle. Su lanzamiento -después de dos minutos de espera hasta que el colegiado puso en orden todas sus manías- aguardó al mínimo movimiento de Amir para golpear al otro lado. Impecable. Un cuarto de hora todavía por jugar y el equipo estaba desatado. Quizá éste iba a terminar siendo el partido. Faltó poco.

Faltó que Petrovic girara mejor su poderoso cuello en un córner muy bien puesto por Vada, o que Nano Mesa picara su cabezazo ganador tras gran centro de Azón. El canterano mezló bien con Giménez y demostró dos cosas -una ya se sabía y la otra estaba por ver-: los partidos que no sea titular debe jugar un mínimo de 25 minutos y su sociedad con el otro nueve puede funcionar. Mirado con retrospectiva, el 442 planteado de inicio hubiera sido mucho más efectivo con él en lugar de Narváez. Adrián entró por Giménez a falta de diez partidos y aportó calidad y criterio en un ida y vuelta que no se ajustaba bien a su fútbol. JIM se dejó un cambio sin hacer cuando el partido pedía terminarlo con Yanis por una banda y Mesa por otra. Séptimo empate consecutivo y octava jornada seguida sin perder. Ayer volvió a faltar poco si se atiende a las ocasiones finales pero, en realidad, faltó más que nunca… Faltó toda la primera parte.

REAL ZARAGOZA. Cristian Álvarez; Gámez, Francés, Jair, Nieto; Eguaras (Petrovic, 65), Zapater (Azón, 65); Sainz (Nano, 65), Vada, Narváez; y Álvaro Giménez (Adrián González, 81).

PONFERRADINA. Amir Abedzadeh; Iván Rodríguez, Pascanu, Copete (Morán, 61), Pujol; Antón (Amo, 61), Saúl Crespo (Zalazar, 85), Cristian Rodríguez; Saverio, Agus (Ojeda, 46); y Sergi Enrich (Yuri, 66).

ÁRBITRO: Gorostegui Fernández (Comité Vasco). Amonestó a Eguaras (3), Pascanu (23), Jair (45), Copete (51), Pujol (72), Amo (74), Petrovic (81) y Francés (92).

GOLES: 0-1, min. 47: Cristian Rodríguez. 1-1, min. 76: Vada, de penalti.

INCIDENCIAS: Partido correspondiente a la undécima jornada de Liga, disputado en La Romareda. 15.700 espectadores.

4 comentarios en “Jornada 11. REAL ZARAGOZA 1- PONFERRADINA 1. El empate interminable”

  1. Vamos a agarrarnos a la segunda parte. ¿No sería el momento de darles el mando a Petrovic y Vada del centro del campo?, además Eguaras necesitará un descanso. Narváez también necesitaría pasar por banquillo, está comprometido, pero no es imprecindible y me gustaría ver al equipo sin él.
    Sigamos resistiendo.

    1. Javier Hernández Aguirán

      Muy buenas, Luis!
      Gracias por tu opinión
      Me gustó la mezcla de Petrovic con Cada, aunque fue una apuesta muy puntual y casi desesperada. No tanto su doble pivote, sino toda la munición que reunió JIM delante de ellos.
      Me gustaría verles con Francho y ver mas minutos juntos a Giménez y a Azón. Creo que mezclaron bien y que le dan al equipo la presencia que necesita. Narváez está comprometido con balón, hace falta que lo esté mucho más sin él. Ayer el plan era que los dos delanteros presionaran la salida de balón rival durante la primera parte y sólo lo hizo Álvaro.
      Abrazo grande

    1. Javier Hernández Aguirán

      Buenos días, Julio!
      El equipo va a menos en lo futbolístico, está claro, pero me parece que sobran los argumentos para seguir confiando y siendo pacientes. Si esta temporada ya nos quedamos sin ellos, no quiero imaginar cómo estarías hace 12 meses cuando éramos un cadáver acostumbrado a perder cada tres días.
      Tenemos a la mejor pareja de centrales de la categoría, quizá al mejor portero de nuestra historia, dos buenos laterales ofensivos, Lluis se mostró solvente contra el Huesca, Nieto mejoró su nivel defensivo ante la Ponfe y a Clemente le llegará el momento y cumplirá; A Eguaras le sobra pie y a Zapater, corazón; el insustituible Francho está de vuelta y Petrovic ya es otra cosa; Vada lideró la rebelión en la media hora final y Adrián jugó casi todos los balones bien pese a que el ida y vuelta de los últimos minutos no le sentaba nada bien; Nano Mesa le ha añadido ardor guerrero a su juego, Bermejo desespera con la pelota pero apenas se le reconoce lo mucho que ayuda sin ella; Borja está cada vez más integrado, Yanis explotará cualquier día, Narváez será un jugador de 90 minutos cuando supere sus problemas físicos, Azón es un optimista que nos arrastra a todos y a Giménez se le verán todas las virtudes cuando marque el primer gol, que será pronto si no nos empeñamos en despreciar lo que tenemos mientras está con nosotros. Con James me cuesta tener argumentos, te lo reconozco.
      Llevamos ocho jornadas sin perder y un equipo que no pierde -por más que su primera parte tibia contra la Ponfe no es admisible- nunca está lejos de ganar. Nos falta hacerlo. Y conviene que sea pronto, pero argumentos esta temporada creo que quedan, Julio, y que el periodismo está viviendo la jornada 11 como si fuera la 31. No se puede estar jugando finales desde octubre, es ridículo y muy poco saludable para todos. Tranquilidad, confianza y argumentos.
      Abrazos

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