Fuera de foco

Enemigo a las puertas

El Real Zaragoza compite bien en Son Moix, pero sucumbe en la última escena ante un Mallorca que quiere el título de campeón. 4.000 hinchas dan colorido a un amistoso combate entre dos equipos de sonrisas dispares

Estamos en 1942, en el cruento marco de la batalla de Stalingrado. Los alemanes están a punto de conseguir la ciudad a orillas del Volga, lo que supondría la victoria definitiva en el frente del Este. Sin embargo, entre los aullidos de los obuses, surge milagrosamente la figura de Vassili Zaitsev (Jude Law), un humilde pastor de los Urales que destaca por su increíble destreza para abatir a cuanto enemigo se le ponga a tiro. El camarada Danilov (Joseph Fiennes), encargado de la propaganda, no dudará en encumbrarlo, con el objetivo de levantar el ánimo de las desmoralizadas tropas soviéticas. Al mismo tiempo que surge la amistad entre ellos, aparecen también ciertas diferencias y rencillas por el amor de una joven soldado (Rachel Weisz). Del otro lado, el contraataque nazi se centrará ahora en acabar con el héroe ruso. El mayor Koenig (Ed Harris) asumirá la misión, un astuto y peligroso rival que se enfrentará a Vassili en un duelo de francotiradores de proporciones épicas. El director Jean Jacques Annaud relata con habilidad una historia intimista dentro del fragor de la batalla, sin desaprovechar los elementos del género bélico, que nos hacen disfrutar de un grandioso espectáculo.

Decía en contracrónicas anteriores que el fútbol estaba involucionando hacia el bostezo. La manía de sustituir jugadores por atletas ha convertido el juego en una concatenación de jugadas predecibles, donde cada vez es más difícil disfrutar de una de las acciones técnicas que convirtieron este deporte en espectáculo de masas: el regate. Driblar a un defensa es, hoy en día, casi tan complicado como regatear a un perro. Por mucho que fintes, nunca te vas a librar de él. Algunos lo consiguen -Messi o Neymar-, pero el milagro rara vez se consuma con éxito: el malabarista suele acabar su numerito tirado en el césped, jurando en lengua aramea y con una magnífica dentellada en el tobillo bueno. Ante la imposibilidad de crear superioridades por medio del regate, los entrenadores no tienen más remedio que recurrir a las jugadas de estrategia para encontrar atajos sencillos que pongan en peligro la portería rival. El Real Zaragoza de JIM ha logrado más de la mitad de sus goles a balón parado y lo ha hecho gracias a que cuenta entre sus filas con dos francotiradores de altísima gama. Bermejo y Zapater, zurdo y diestro, llevan semanas lanzando roscas nocivas sobre el área enemiga, tan bien dirigidas que muchas de ellas se han traducido en penaltis, goles y puntos vitales para escapar del descenso. Un temible enemigo que se quedó a las puertas.

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