ALFONSO REYES @futbolgrafo

Borja, Ángel, Puche y Yanis en el buzón de voz

Es una absoluta rareza que dos jugadores del banquillo del Real Zaragoza, en este caso Francho y Puche -juraría-, firmen una bandera con el escudo del club justo antes de que comience un partido oficial. Seguro que se trató de un regalo de Reyes muy especial y quede aquí reflejado el gesto de dos chicos siempre al servicio del bien general, fuera y dentro del campo.

Quizá se trataba de un encuentro para recuperar sensaciones y reivindicarse, colectiva e individualmente. Y si un jugador lo hizo, y lo viene haciendo desde hace semanas, ése es Borja Sainz. El extremo vizcaíno está mostrando un compromiso sobresaliente, pese a que el técnico todavía no atiende a sus indudables méritos para ser titular. Sainz, pese a jugar buena parte del encuentro de espaldas a los centrales, siempre exigió y amenazó a sus marcadores y seguirá sin entenderse si el domingo no es titular en Ponferrada.

Ángel López viene superando exámenes de oposición con la solvencia de los que saben de verdad y ante una prueba de nivel definitivo, como es el Sevilla, JIM pudo comprobar de cerca -a veces, como en esta FUTBOLGRAFÍA, muy de cerca- cómo el canterano está más que capacitado para ser el lateral derecho suplente oficial de esta plantilla, y que no tiene sentido reforzar la posición en este mercado de invierno.

Selecciono esta FUTBOLGRAFÍA de Zapater, porque tuve la fortuna de intercambiar opiniones del partido con el capitán y me comentaba lo exigentes y estresantes que son estos partidos ante rivales de una categoría superior, acostumbrados a un ritmo más alto y con un físico más poderoso. El Sevilla, además, es un equipo especialmente dotado en ese sentido y esta imagen, con el rostro desencajado -y desenfocado- de Chavarría al fondo, resume perfectamente la sensación compartida por Alberto.

El mejor Real Zaragoza en este partido duró 20 reconfortantes minutos, desde el inicio de la segunda mitad hasta el momento inmediatamente anterior a esta imagen, cuando Rafa Mir resolvió en gol un contraataque magistralmente lanzado por Ocampos. Ahí el equipo supo que la ilusión de complicar la eliminatoria ya era una quimera, pero siguió compitiendo con dignidad y hasta rozó recortar el marcador en los minutos finales.

Lopetegui recurrió a varias hipérboles en la rueda de prensa previa al choque para definir el presente del Real Zaragoza, pero su cautela tenía un poso de realidad y lo demostró en la apuesta de su alineación -con hasta seis titulares- y con el goteo de principales que fueron entrando desde el banquillo cuando los locales no parecieron nada lejos de empatar el encuentro. Acuña y Oliver Torres fueron dos de ellos y ahí el Sevilla pasó a ser un toro contra el que no convenía chocar.

Como era ya un secreto a voces, a la hora de publicar este álbum, Clemente ya ha abandonado la disciplina del Real Zaragoza, en uno de los acuerdos -aparentemente- menos entendibles y favorables que se recuerdan. Aquí, cuando Giménez entra por Jair, se dirige al banquillo para confirmar si el equipo pasa a jugar con línea de cuatro y él se ubica en una posición natural -central zurdo- que ahora fatigará y sacará brillo -gracias a un contrato de cesión nada comprensible- en el filial de la Real Sociedad.

Quienes mejor aprovecharon los minutos finales fueron dos futbolistas apenas utilizados por JIM esta temporada. Puche salió a falta de un cuarto de hora y consiguió darle peligro a cada una de sus acciones por banda izquierda. Un disparo enroscado suyo no pudo empujarlo a gol Álvaro Giménez. Mientras César Yanis, quien sorprendió no ver de titular, apenas pudo disfrutar de los últimos diez minutos del encuentro, pero le sobró tiempo para mostrar los buenos detalles de casi siempre y profundizar en el misterio de por qué JIM cuenta tan poco con el panameño.

Si la concentración tuviera cuatro ojos serían los de este marcaje de Jair a Rafa Mir, esperando ambos un balón que se les aproximaba en el interior del área aragonesa. Mirada fija, facciones tensas y venas esculpidas en el cuello para retratar un instante de tensión máxima en el trabajo. Jair, a quien quizá debió dársele descanso con vistas al importantísimo próximo partido en Ponferrada, le sirvió el encuentro con un mínimo de 45 minutos -que aún necesitaba- para renovar automáticamente su contrato hasta junio de 2023.

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