Pablo Díaz Stalla

REAL ZARAGOZA 98-04. CAMPEÓN Copas Del Rey 2001 y 2004

ARENAS EN LAS BOTAS

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Ese oasis, que muchos creímos ver en Almería, era un espejismo

El Almería, más que fiable a domicilio -19 puntos de 30 posibles, con sólo tres derrotas-, ha completado una primera vuelta imponente en su propio campo: apenas el Las Palmas y el Huesca fueron capaces de salvar un empate en su visita al Juegos del Mediterráneo. El resto, todo victorias: ocho. Impresionante. Si dominas la categoría con tanta autoridad en el ecuador de un campeonato, quiere decir que haces muchísimas cosas bien y que asomar por tu estadio tiene que ser una penitencia parecida a cruzar un desierto de rodillas. No pocos, entre los que me incluyo, nos ilusionamos los días previos con una suerte de espejismo, donde no nos costaba visualizar al Real Zaragoza puntuando -y hasta ganando, por qué no- pese a la magnitud del desafío. El reciente recuerdo de la brillante victoria ante el Eibar, la fiabilidad aragonesa en la carretera y el débil síntoma de que el Almería llegaba al duelo con dos empates consecutivos alimentaban la esperanza. Pero cuando llegamos al presunto oasis, comprobamos que casi todo era arena y guijarros.

Un nuevo once definido ante un inacabable ejército de titulares

Quizá por los partidos entre semana que se han ido sucediendo en el último mes y medio y por meter en dinámica al mayor número de futbolistas posibles, JIM ha venido frecuentando las famosas rotaciones. Sin partido entre semana y premiando a quienes salieron de inicio ante el Éibar, el Real Zaragoza se presentó al encuentro con una sola novedad: Narváez en lugar de Borja Sainz. Es posible que se esté perfilando un nuevo once tipo para las próximas semanas, a falta de que se recupere Vada y de que Nano Mesa recupere su plenitud física. En realidad, se parece mucho a la primera propuesta, con la salvedad de que Petrovic ha sacado de la foto a Eguaras y de que Giménez parece haber acabado con el debate del nueve. El Almería, por su infinito mayor poderío económico y por llevar varias temporadas en la aristocracia de la categoría, posee una nómina interminable de potenciales titulares. Quienes no caben en la alineación, esperan su turno en el banquillo y le aportan un nivel al equipo durante la segunda mitad casi incontenible para cualquier otra plantilla de la Liga Smartbank.

Unos cambios que no mejoraron y que se entendieron poco

Ni siquiera el partido más perfecto escapa de detectar opciones de mejora, igual que hasta el más desesperanzador siempre deja algún destello que rescatar. En este caso, más allá del marcador y de cómo se produjo el primer gol, el partido evidenció la diferencia que todavía hay entre ambos equipos. El Real Zaragoza, con poco bagaje ofensivo más allá de alguna apreciable combinación sin peligro en la primera media hora, cometió demasiadas imprecisiones en zonas peligrosas -pérdidas, no ser contundentes en los despejes, líneas mal tiradas que rompen fueras de juego…-. Tan impropio resultó esa falta de seguridad aragonesa como lo desviado de la puntería de un Almería que, sin ejercer un dominio asfixiante, fue capaz de firmar numerosas ocasiones de gol. Los cambios no ayudaron a mejorar el escenario. Quizá por lo ya comentado en el párrafo anterior, la diferencia entre ambos conjuntos incluso se ensanchó y desapareció cualquier expectativa de recuperarse del marcador adverso.

Valorar el pasado para sonreír al futuro

Se puede perder un partido y se pueden perder cuatro en 20 jornadas. Ambas posibilidades casi serían un motivo de celebración, si no fuera porque venimos de la caída más dura de la temporada. También podemos felicitarnos por haber estado casi cuatro meses sin perder a domicilio, algo próximo a una gesta. Ojalá seamos capaces de sostener todos estos méritos. Y si se nos apura, podemos recurrir a varios tópicos clásicos: mejor acumular varios errores en un mismo partido que uno solo en varios, y mejor perder un día 3-0 que tres días 1-0… Más allá de esta colección de obviedades, más viejas que el balón, la moraleja sería que nunca hay que deprimirse por un partido, ni tampoco enloquecer de alegría tras un triunfo impensado. Consiste en mostrarse fiable, en ser capaz de sostener una trayectoria -como creo que el Real Zaragoza, con sus imperfecciones, ha logrado durante la primera vuelta- y en mirar con optimismo el futuro por apreciar y valorar el pasado. ¿Por qué no vamos a poder ganar el domingo al Tenerife -yo en Copa todavía roto- si vencimos hace apenas una semana al Eibar? ¿Cómo no voy a ser optimista si nuestra suerte en la segunda vuelta parece depender de lo que hagamos como locales y nuestra casa es La Romareda?

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