ALFONSO REYES @futbolgrafo

31, 33... ¡Bingo!

La idea original, cuando grabé esta sección la mañana siguiente al triunfo contra el Fuenlabrada, era arrancar con esta imagen, con Jair como protagonista, para destacar la concentración y la intensidad que mostró el Real Zaragoza desde el inicio de un partido que, durante la semana ya advertimos trampa en LEONSEPIA, y estuvo muy cerca de serlo. Pero sirva la presencia algo secundaria y de espaldas de Jaume Grau, para honrar sus últimos grandes partidos con la camiseta aragonesa y desearle una plena y rápida recuperación de la taquicardia que le obligó a retirarse a la hora de partido.

Jair y Francés, pese a ser la pareja de centrales y estar llamados a imponerse en el área propia, fueron la principal amenaza ofensiva para el Fuenlabrada en la primera mitad. El portugués a punto estuvo de convertir en gol un apurado despeje de Morro tras violento disparo cruzado de Bermejo. Sólo la desesperada aparición de un defensa visitante bajo palos evitó que el Real Zaragoza ahí abriera el marcador.

No hemos cerrado el objetivo en torno a Francés, ni se trata de la misma imagen, aunque el gesto sea idéntico. En la FUTGBOLGRAFÍA anterior, el canterano se lamentaba como espectador de lujo y en ésta, entre un ejército de medias naranjas, lo hacía ya como protagonista. Parecía tan clara su conquista -también negada in extremis por la resistencia rival- que empezó a celebrarlo nada más contactar con la pelota. Francés siempre anticipa, aunque aquí los acontecimientos no se desarrollaron como previó y terminó lamentándose, incrédulo, en el suelo. 

Hay escenas que explican películas y películas que terminan siendo radicalmente distintas entre sí, aunque se apoyen en una misma escena en apariencia. ¿Cuántas veces se ha sufrido esta temporada un golpe bajo de este tipo? Antes de que el rival merezca nada, una desgracia defensiva zaragocista le pone por delante. Ocurrió contra el Cartagena, ante el Leganés… y volvió a suceder aquí. Un ligero toque de cabeza de Pulido sorprendió a Jair, que no supo si dejarla pasar, despejarla o cedérsela a su portero. Y terminó desviando el balón, con una precisión macabra: justo al lateral que descubría Cristian, confiado en no ser abatido por fuego amigo.

Jair quedó aturdido tras el accidente. Con la mirada vacía y el gesto anestesiado, como si un peso pesado le hubiera alcanzado el mentón. No acertar con la portería contraria da para el lamento, pero castigar la propia es un dolor insoportable. Francés, el joven veterano, el líder emergente, lo entendió más rápido que nadie y sostuvo a su experto compañero, agarrándole por el escudo y mirándole a los ojos, para superar juntos este duro momento.

La taquicardia que obligó a  retirarse a Grau mediada la segunda parte -y a pasar la noche haciéndose pruebas en el hospital Clínico Universitario de la capital aragonesa- se ha reproducido en toda la afición del Real Zaragoza. Quizá no vuelva a jugar en lo que queda de temporada, aunque su carrera no parece correr peligro; por suerte para él y para todos. Sirva esta captura como homenaje y reconocimiento a un futbolista que llegó sin recibir un entusiasmo del lugar, quizá aún impactado por la salida de Eguaras, pero que en apenas un par de meses ha demostrado ser un centrocampista completísimo, ya adueñado de la titularidad a base de despliegue y criterio.

Azón vive un momento de absoluto trance. Se le ha abierto la portería y ahora marca hasta de media tijera, anticipando con calidad y astucia la aparente mejor posición de su marcador. Esta FUTBOLGRAFÍA es obligada en el álbum de este partido, pero me gustaría atraer la mirada a la figura de Álvaro Giménez. Dio las dos asistencias y su segunda mitad, tras sustituir en el descanso a Sabin Merino, resultó una absoluta Masterclass de lo que debe hacer un delantero centro ante un rival que va a concentrarse en tareas defensivas por ir por delante en el marcador. Aquí, además, tras asistir a Iván, va rápido a por la pelota: había una remontada que consumar.

Eugeni es cada vez más Valderrama. Aquí se capta el instante exacto en el que ensayó una rabona antológica, que fue más un recurso que un adorno, y que hubiera hecho caer La Romareda en caso de que -de nuevo, por tercera ocasión en la noche- un defensa no evitara el gol sobre la línea de gol. Ya la jugada, con Bermejo y el taconazo de Álvaro, era un cuadro; pero la decisión técnica de nuestro talentoso mediapunta provocó la sorpresa general, reflejada en los rostros de los rivales y de la afición situada tras la portería. Hubiera sido la rabona del siglo. En La Romareda, en este siglo, al menos.

Después del 31, la remontada la completó el 33… ¡Bingo! Que la cantera firme una remontada y sea tan influyente cada vez que salta al campo sólo añade bronce para la estatua que merece el trabajo de Ramón Lozano y de todo su equipo en la Ciudad Deportiva durante estos últimos nueve años. Si el Real Zaragoza sigue existiendo a día de hoy es gracias a ello, sin ninguna duda. El gol de Puche fue un pase bombeado a la escuadra. He seleccionado esta FUTBOLGRAFÍA, entre toda la secuencia del remate, porque aquí se observa la altura que llega a coger el balón, haciendo imposible cualquier reacción del portero rival. Hay que ser muy poderoso físicamente para imponerse como el canterano lo hizo y muy inteligente para decidir que ése era el tipo de cabezazo que más le convenía a la acción, tras una nueva asistencia de Álvaro Giménez, quien queda fuera de plano en la foto, pero no puede hacerlo del análisis del choque.

Hubo un tercer gol de un canterano… O de un probable futuro canterano, quizá. El hijo de Petrovic -intuímos que se trata de su hijo-, al que le hemos pixelado la cara pero nos parece un atentado taparle la sonrisa…, salió a juguetear con el gigante Radosav al final del encuentro y hasta anotó un gol que gritó todo el Fondo Norte que aún no había desalojado la grada. Petrovic, por cierto, vivió el partido con gran intensidad, consciente de la importancia del mismo, y terminó regalando su camiseta en un sector que ya lo reconoce como su capitán.

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