REPTANDO HACIA LA ORILLA
El Real Zaragoza recupera su temperatura defensiva para firmar un nuevo empate a cero -el séptimo de la temporada-, alejarse a cinco puntos -más average- de la Ponferradina y ver todavía lejos la salvación. Debutó Luna como titular
Javi Hernández (@SepiaHdez)
Alfonso Reyes (@Futbolgrafo)
Queridos sufridores, todavía nos quedan tres meses de apretar los dientes y de no poder relajar ningún esfínter. Todos nos sentimos agotados tantos años después y nos cuesta creer que algún día las cosas volverán a ser como casi siempre fueron. Mientras ese difuso futuro se digna a llegar, parece que nuestra única manera de alcanzar la orilla va a ser reptando, de empate en empate. siempre que seamos capaces de sostener esta solvencia defensiva hoy recuperada. No se conoce un equipo que haya descendido recibiendo uno o menos goles por partido y el Real Zaragoza acumula 29 goles en contra en 29 jornadas. Como en las películas de misterio y suspense, la solución está al otro lado de donde se concentran las preocupaciones.
Todas las teorías tienen su reverso y ésta, claro, no es una excepción. Más vale que seamos capaces de encontrar el gol, aunque por momentos parezca más probable detectar un yacimiento de petróleo, porque sólo hemos marcado 23 y con esa cifra no se habrá salvado nadie o casi. Mientras no esté Azón recuperado, mientras La Liga lleve a un extremo poco razonable sus normas de control financiero y eso haga inviable el refuerzo de Álvaro Giménez y mientras se prefiera que Simeone agonice entre calambres en los minutos finales para evitar que La Romareda pierda el foco pitorreándose de Gueye…, va a ser muy improbable que incrementemos esta pírrica cuenta y nos acerquemos con mayor celeridad a la permanencia.
La esperada victoria en casa del Las Palmas ante la Ponferradina hace que este pálido empate distancie en un punto más del descenso al Real Zaragoza. Ya son cinco más average, a expensas de la trascendental próxima visita a un Lugo pendiente de desahucio… si no lo evitamos, como ya hicimos en Málaga. Pero no queramos anticipar el drama que viene antes de hacer la crónica del partido que acabamos de jugar. De mañana hablaremos mañana, solía repetir un amigo de juventud cuando se nos enredaba la madrugada en las barras de los bares.
Escribá lo dejó caer en la rueda de prensa previa al choque y el olfato no falló. Luna tuvo, por fin, la oportunidad que merecía en un lateral derecho huérfano de nivel durante toda la temporada. En realidad, fue la única novedad en una defensa en la que se intuían más cambios, pero el técnico siguió apostando por Lluis y por Nieto. Zapater regresó en lugar de Alarcón y Puche sentó a un Vada con molestias en la espalda. Luna selló su lateral y se proyectó en el tramo final de la primera mitad, hasta que unos calambres -propios de la tensión de la primera vez- le obligaron a pedir el cambio a la hora de encuentro.
El Real Zaragoza, que pide a gritos protegerse con un tercer centrocampista central mientras Azón se recupera para la causa, insistió en ordenarse en este poco movible 442 desde la llegada de Escribá. Si ésta tenía que ser la alineación y éste debía ser el dibujo, quizá centrar a Bermejo como segundo punta y abrir a Puche -muy incómodo como delantero- a banda derecha hubiera afilado mejor a un conjunto aragonés que sufría cada vez que el Burgos combinaba a la espalda de nuestros extemos.
Bermejo, el suyo, estuvo cerca de repetirnos el primer gol del Alavés a los tres minutos de choque. No fue una defensa tan inmóvil, pero también atacó el cabezazo sin oposición. Detuvo Cristian y el Real Zaragoza apenas encontraba la hercúlea amenaza de Bebé para inquietar a un Burgos, que siempre ayudaba a Areso con un dos contra uno ante el portugués. No siquiera en superioridad eran capaces de contener a un futbolista indomable, capaz de salir por ambos lados y de martillearte con los dos perfiles de sus dos botas. La primera media hora, más allá de algún escarceo a alta velocidad de Simeone con los centrales rivales, fuimos un ejército de un solo cañón. Pero qué cañón.
El Real Zaragoza se quitó el parche del ojo derecho cuando Escribá permutó la posición de Zapater y Francho en el doble pivote. Llama la atención el efecto multiplicador que tuvo lo que para muchos sería un detalle sin importancia. ¿Qué más da quién juegue a la izquierda de quién? Serrano es otro futbolista, muchísimo mejor, si se desenvuelve por el perfil derecho del doble pivote y cuando el cuerpo técnico lo devolvió a su zona óptima, creció él, se llenó de aire su sector -creando una muy buena sociedad con Luna y mejoró un conjunto local que casi abre el marcador tras un remate a quemarropa de Simeone ante Caro.
Dentro de sus muy modestas -por no decir deprimentes- posibilidades, el Real Zaragoza firmaba un encuentro sin los pasajes de vacío que se lo habían llevado por delante con goleadas sonrojantes en los dos partidos anteriores. Sin cambios al descanso, pese a que un conato de problema en el aductor de Bermejo hizo calentar a Vada y a Eugeni antes del descanso, el conjunto aragonés salió bien intenso a la segunda mitad, con Bebé disparando sin puntería casi desde cualquier lado y siendo el centro de gravedad de buena parte de las operaciones ofensivas. Podríamos decir que centró mejor de lo que disparó, pero apenas nos da para rematar nada dentro del área rival.
Pau Sans salió 65 minutos después de lo que hubieran deseado los más impacientes y dio la razón a ambas versiones. Aportó intención y desmarque a una posición que siente más natural que Puche, pero se le notó estar todavía a media cocción en la mayoría de acciones en la que quiso intervenir. Vada ingresó al mismo tiempo, ocupando un sector derecho del ataque donde le cuesta trascender más que en ningún otro sitio y Gámez firmó pronto un cambio imprevisto, ante el exceso de lactato en los gemelos de Luna.
A Cristian se le acumuló el poco trabajo de la tarde justo cuando el sol en retirada le cegaba la mirada. Cuando todo era menos moderno, los porteros jugaban con gorra y se evitaban estos momentos de sufrimiento. Un disparo de Curro fue el mayor peligro de un Burgos sin la pegada suficiente para terminar entrando en el playoff y que aquí se estrelló ante un muro que levantaron Jair y Nieto. Grau entró por Zapater en los minutos finales y Gueye se quedó sin ingresar -pese a que sólo se efectuaron cuatro cambios- para evitar que La Romareda se despistase cuando menos convenía. La musculatura de Simeone estuvo a punto de lesionarse en los minutos de añadido por ello… Giuliano acabo casi reptando, como el Real Zaragoza, que recuperó su solidez defensiva para firmar su séptimo empate a cero de la temporada, alejarse un punto más de la Ponferradina y acercarse a una orilla que pisaremos -ojalá- en mayo.
REAL ZARAGOZA: Cristian Álvarez; Luna (Fran Gámez, m.73), Lluís López, Jair, Nieto; Bermejo (Vada, m.65), Francho, Zapater (Jaume Grau, m.87), Bebé; Puche (Pau Sans, m.65) y Giuliano Simeone.
BURGOS CF: Caro; Areso, Córdoba, Goldar, Matos (Fran García, m.72); Raúl Navarro, Atienza, Mumo (Zabaco, m.86); Curro (Juan Hernández, m.86), Bermejo (Valcarce, m.72) y Gaspar (Mourad, m.64).
ÁRBITRO: Trujillo Suárez (Comité de Tenerife). Amonestó a los locales Giuliano Simeone, Vada y Fran Gámez, y al visitante Atienza.
INCIDENCIAS: Partido correspondiente a la vigésimonovena jornada de Liga, disputado en La Romareda. 17.281 espectadores.
