MIRANDÉS 2 – 0 RZARAGOZA. El Triángulo de las Anduvas (J.7)

EL TRIÁNGULO DE LAS ANDUVAS

El Real Zaragoza desapareció del mapa en su visita a Miranda, donde ya acumula tres derrotas consecutivas, y frenó en seco su aparente despegue. Brilló el zaragozano Parra, Cristian evitó una goleada y Gueye recuperó el crédito

🐾 Javi Hernández (@SepiaHdez)

📷 Archivo Alfonso Reyes (@Futbolgrafo)

El Real Zaragoza tiene como poco soportable costumbre desaparecer del mapa cada vez que pisa Anduva. Son tres las derrotas consecutivas vistando al Mirandés, que llegaba al encuentro como colista y gobernó el mismo sin oposición desde el pitido inicial. Si la castigada memoria no nos falla, el conjunto aragonés jugó en este campo su peor encuentro de la pasada temporada y ya sólo queda confiar en que podamos decir lo mismo en un año. Pudo ser una goleada, si no median Cristian Álvarez y un par de postes. Superó, con cierta holgura, el despropósito firmado contra el Lugo: así de difícil de ver resultó. Apenas los minutos finales de Gueye, quien ingresó cuando ya parecía que iba a pasar otro encuentro inédito, ayudaron a rondar el gol y a mejorar la segunda impresión que se estaba cocinando en torno al senegalés.

Esta vez no hubo Ecce Homo. Acaso pareció un cuadro en blanco, de esos que se ponen a la venta -con aún menos vergüenza que esfuerzo- en alguna feria de arte contemporáneo. Carcedo repitió alineación por tercer partido consecutivo -primera vez desde el arranque de la 2016/17, con Luis Milla– y nos situó en la baldosa más temida por cualquier cronista: cómo explicar lo que no tiene explicación. ¿Por qué los mismos jugadores que gritaron victoria en Ponferrada y ante el Sporting han parecido invisibles durante toda la tarde? Fútbol es fútbol, resumió Boskov en tres palabras. Afortunado él, que no tenía que escribir diez párrafos.

El ser humano tiende a relajarse tras una descompresión. Se intenta un humilde e incompleto argumento antropológico, no se entienda como el torpe ensayo de una excusa; pero cabía la posibilidad de que, después de dos semanas de tensión -lograr el primer triunfo en la quinta jornada y darse, por fin, una alegría en casa en la sexta-, los centinelas de cada organismo bajaran la guardia. Alguno, más de uno, creerá que fue por visitar al colista y alimentar nuestra merecida leyenda de equipo aspirina… Por desgracia, ya no se puede volver atrás y la única teoría irrefutable es que el Real Zaragoza ha perdido una gran ocasión de completar su primera remontada en la clasificación y llega al muy exigente mes de octubre -seis partidos, cuatro ante candidatos más o menos claros al ascenso- con un evidente déficit de puntos tras siete jornadas.

El Mirandés pudo salir atribulado por su situación en la tabla y, al contrario, decretó un séptimo de caballería desde el arranque, que nunca tuvo respuesta por parte de su rival. El Zaragoza nunca se hizo con el control del mediocampo y no encontraba la fórmula para dejar de correr hacia atrás.. Algo no iba bien. Molina apenas parecía un familiar del que sometió al Sporting con su clarividencia, Vada no sumaba ni en la primera presión ni a la hora de defenderse con la pelota. Las posesiones duraban segundos  y la cubierta cada vez tenía más agua… Mollejo trataba de robar arriba y le abría un canal para surfear al zaragozano Raúl Parra. Fuentes se ahogaba ante tanto caudal, perdiendo el aura de sus primeros encuentros, mientras a Grau no le daba la vida para llegar a todas las emergencias.

Los únicos dos zaragozanos que hubo de inicio sobre el césped fueron una auténtica pesadilla. La zurda de Roberto López exigió a Cristian en una peligrosísima y muy barata falta en la medialuna. Y Parra, un afilado puñal desde el lateral derecho, le dio más de medio gol a Raúl García de Haro, pero éste no llegó a empujar su asistencia en el área pequeña. Minutos más tarde, Parra buscó la cepa del poste derecho, con un disparo cruzado desde fuera del área, y el argentino respondió de nuevo. Como siempre. Muy poco que relatar en el otro hemisferio, más allá de las arrancadas de velocista de Simeone, que dieron para sacar una amarilla al experto Raúl Navas.

Existía la esperanza de que el Zaragoza comenzara a acomodarse y a parecerse a sí mismo a partir de ese momento… No era un día para ir amasando ilusiones. Grau dejó girar y progresar a López, quien abrió a la autopista sin peajes en la que se había convertido la banda derecha del ataque del Mirandés, Parra centra y Lluisoptó por un escorzo poco entendible: la acción defensiva pedía despejar con pie izquierdo y lo hizo con derecho… Ese error en la toma de decisión hizo que el cuerpo de Óscar Pinchi entrara en la ecuación de la acción y rozara lo suficiente la pelota para que ésta ganara la rendija inferior derecha de la portería. Lluis, impecable hasta entonces en este inicio de temporada, pidió falta. No la hubo.

Vada pudo empatar tras recibir un buen y esforzado servicio de cabeza de Mollejo dentro del área. Su control le dejó el balón algo enredado entre las piernas cerca del áea pequeña y Valentín optó por un tacón, que pareció la peor de las opciones. Llegó manso a las manos de Herrero. Cristian evitó el segundo de los locales en una doble acción justo antes del descanso. Su segunda parada, a disparo a quemarropa de Roberto López, estuvo a la altura de su dimensión como ídolo moderno. López, por cierto, pudo ser expulsado antes del intermedio -ya verán capturas de vídeo a lo largo de la semana, si no lo han hecho ya-, en caso de que el VAR hubiera avisado al colegiado de que era para más que amarilla su entrada al tobillo de Vada.

Dio la impresión de que había mucho que corregir al descanso: añadir trabajo más amenaza con un segundo delantero y sumar cemento a un doble pivote demasiado poroso e intrascendente. Nada se cambió. Simeone pudo gritar el empate nada más arrancar la segunda mitad, tras una buena asistencia de Bermejo, pero no llegó a tiempo para cruzar con precisión la pelota ante la desesperada salida de Herrero. Hubiera sido fuera de juego. Manu Molina envió un globo de cabeza a un círculo central deshabitado por cualquier compañero, recuperó Rey con un latifundio por construir por delante; condujo, conectó con su nueve, Raúl encontró a Pinchi y éste supero sin apenas oposición a Cristian para poner en el marcador la diferencia real que había en el partido entre ambos equipos.

Simeone no clavó los frenos a tiempo en una acción que no supuso el dos a uno en el marcador por ese exceso de ímpetu que lo convierte en un jugador diferencial. Con toda la línea defensiva en su campo de visión, remató en fuera de juego un nuevo servicio de Bermejo. Lástima. No hacía falta estar adelantado para marcar y no lo estará cuando afine su oficio. Carcedo repitió su habitual ventana de tres cambios: Azón, Francho y Larra sustituyeron a Mollejo, Grau y Gámez. El equipo pasó a un 4141, con Molina de pivote y Giuliano por banda izquierda, que no se tradujo en ninguna mejoría relevante. Bermejo pudo acortar distancias, dentro del área y a la media vuelta, mientras Marcos Paulo -quizá la pieza que faltó para completar esta plantilla- se encontró con el larguero en una falta lateral, que se envenenó y sorprendió a Cristian. Etxeberría reaccionó rápido al triple cambio visitante y apostó por el veteranísimo Manu García como candado de seguridad, en lugar del bigoleador Pinchi.

Eugeni ingresó por Molina, pasando Francho al pivote –Grau salió en la primera ventana para evitar repetir la expulsión de Cartagena y que el daño tenga su réplica la próxima jornada-. Sergio Santos hizo tiritar el poste derecho de Cristian con un soberbio zurdazo tras una no peor jugada personal. Cuando todos los videntes de lo supraterrenal estaban siendo contactados para explicar el imparable misterio de Gueye, el senegales fue llamado por Carcedo para disputar los diez minutos finales. Su presencia se sintió positivamente. Pape, escoltado por Azón en derecha y Simeone en izquierda, llenó el área, estuvo cerca de cabecear a puerta un centro algo pasado de Eugeni y todavía más de marcar con un disparo -muy bien ejecutado técnicamente, de arriba a abajo- dentro del área. Sólo una gran intervención de Herrero, repugnantemente escupido por un pésimo seguidor zaragocista mediada la segunda parte, evitó el gol. Quizá le falten recursos con la pierna izquierda y seguro necesita horas de vuelo con sus compañeros, pero su entrada al encuentro y comprobar que Azón puede estar ya para ser titular contra el Eibar -además de la actuación de Álvarez– fueron las únicas notas positivas de un Real Zaragoza invisible, que desaparece dramáticamente del mapa cada vez que entra en su particular Triángulo de las Anduvas.

MIRANDÉS: Herrero; Parra (Santos, 76), Raúl Navas, Álex Martín, Salinas; Prados (Javi Serrano, 76), Oriol Rey; Roberto López (Juanlu, 76), Pinchi (Manu García, 63), Marcos Paulo (Castillo, 88); y Raúl García.

REAL ZARAGOZA: Cristian Álvarez; Gámez (Larrazabal, 59), Lluís López, Jair, Fuentes; Grau (Francho, 59), Molina (Eugeni, 76); Bermejo (Gueye, 79), Vada, Mollejo (Azón, 59); y Simeone.

ÁRBITRO: Fuentes Molina (Comité Valenciano). Amonestó a Raúl Navas (24), Roberto López (43), Grau (53) y Manu García (87).

GOLES: 1-0, min. 30: Lluís López, en propia puerta. 2-0, min. 48; Pinchi,

INCIDENCIAS: Partido correspondiente a la séptima jornada de Liga, disputado en Anduva. 500 aficionados del Real Zaragoza poblaron uno de los fondos del campo. 

4 comentarios en “MIRANDÉS 2 – 0 RZARAGOZA. El Triángulo de las Anduvas (J.7)”

  1. Francisco Bello Navarro

    Hola. Que pena de partido. ¿No creéis que este sistema sin extremos reales no va a funcionar? O se da cuenta Carcedo y viramos hacia un 4-4-2 o lo pasaremos mal. Por mucho que diga Torrecilla, está plantilla no tiene extremos puros. En mi opinión, ni Bermejo (media punta), ni Mollejo tienen desborde por banda. A ver qué contáis mañana. Un abrazo.

    1. Javier Hernández Aguirán

      Hola, Fran!
      Estoy contigo. Este 4231 que propones, al ser Vada tu segundo delantero, requeriría de un perfil de jugadores de banda de los que no dispones. Hace falta reunir dos nueves en el campo, evolucionar al 442, liberar los carriles para los laterales y enganchar por dentro, creando superioridades, con Bermejo y Mollejo
      Creo que el plan tiene más sentido, y el equipo se mostrará más intenso y amenazante, cuando Azón y Gueye estén plenamente disponibles
      Ánimo!

  2. Buenos días. Faltan más jugadores con las ganas de Simeone, intensos, duros, sin miedo, … (el día que combine la intensidad con la pausa en los últimos metros… ojo; pero eso es cuestión de kilómetros). Demasiada ternura en el equipo, hay que rascar más, embarrar los partidos cuando no nos da para jugar, desesperar al contrario, que no pase nada o que pase, pero llevar el control. Da la sensación que tenemos equipo decente cuando las cosas salen de cara pero cuando pasa lo contrario… Y volví a echar en falta a Petrovic en el campo.
    Abrazos

    1. Javier Hernández Aguirán

      Hola, Luis!
      Se entendió poco que no se recurriera a Petrovic tras el descanso ante el vacío existente en el mediocampo y aún menos que no fuese quien entrara cuando decides proteger a Grau de una segunda amarilla.
      En todo caso, me parece que la primera corrección, si se quiere al mismo tiempo que la del serbio, debió ser meter más trabajo y amenaza arriba (Azón por Vada), para dificultar la salida de balón del rival y disuadirles de subir tantos sus líneas y de convertir a su lateral derecho en un extremo.
      Las sensaciones fluctuan con el paso de los partidos y de las semanas. Confiemos en ser un equipo con más argumentos cuando nuestra delantera esté al completo.
      Abrazos

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