Pablo Díaz Stalla
LAS DOS CARAS DE LA LUNA
¿Eres abonado a leonsepia.com y no ves la columna de Pablo Díaz completa?
No olvides estar logueado en la web, con tu usuario y contraseña, para poder leerla.
No todo se hizo mal en la primera mitad… Los errores costaron goles
Es evidente que se trató de un partido con dos mitades bien diferenciadas, donde se hicieron muchas cosas mejor en la segunda; pero no conviene caer en el error de pensar que en la primera -por mucho que se llegara al descanso con 2 a 0 en contra- se hizo todo mal. El Real Zaragoza fue el primero en efectuar un disparo, cuando Fran Gámez lo intentó en el minuto dos. Y tuvo la primera gran ocasión, por partida doble, cuando en el minuto 19 Mollejo de cabeza y Pape Gueye tras el rechace pudieron hacer el 1-0. La entrada al partido del conjunto aragonés fue buena, queriendo dominar, presionando tras pérdida (ahí viene la doble ocasión del minuto 19), teniendo centros desde la banda derecha con Larrazábal muy interesantes. Pero se erró en demasía en algunos momentos claves en fase defensiva: en aspectos como la intensidad, la orientación corporal, la presión y altura de la misma. De todo ello, son muestra los dos goles del Villarreal B. Un saque de banda, donde se sabe dónde van a mandar el balón y en la que la colocación defensiva no era mala: con un marcaje individual y un hombre libre por delante del supuesto receptor. Pero el jugador destinado a recibir el saque se adelanta al hombre libre (mal perfilado y sólo mirando la pelota), prolonga el balón hacia su compañero, quien le gana posición a Jair y aparece Carlo -se escapó de la vigilancia de Eugeni– para marcar el 1-0. Gol muy evitable. Y si este primer gol estaba en la pizarra del Villareal B, el segundo seguro que es de alguna práctica de entrenamiento. Saque de portería y combinaciones llevando el balón de una banda a otra por afuera, para acabar por dentro con una bella finalización de Fer Niño. Pero el problema de este gol viene en la presión que intenta el Real Zaragoza en la salida de balón rival, en la que el resto del equipo no acompaña la presión de los delanteros y el centro del campo se queda a una altura indefinida, lo que hace que un jugador rival gane la posición entre centrales y pivotes, creando superioridad y sin presión alguna para asistir cómodo a un compañero, quien termina marcando gracias a un zurdazo desde fuera del área.
El 2-3 llegó en el minuto 90… ¡con ocho futbolistas en posiciones de ataque!
Descanso, cambios -decisivos-, intensidad, equipo compacto… ¡y remontada! La entrada de Iván Azón y de Vada, así como el resto de ajustes de Escribá al descanso, lo cambiaron todo. La intensidad que ofrece Iván no se puede medir, pero contagia y cambia la actitud del equipo. Y si los goles del Villareal B ejemplifican errores cometidos, los de del Real Zaragoza resumen cuando las cosas se hacen bien. El primer gol es un robo de Fuentes cerca del área rival (sacábamos de banda en ataque y los jugadores estaban colocados esperando un rechace), que termina con Iván Azón ganando la profundidad dentro del área -tras un muy buen pase de Larra– y marcando por abajo ante la desesperada salida del portero. Colocación, intensidad en la presión tras pérdida, combinación y finalización: 1-2. Segundo gol en el que es Puche quien gana la profundidad por banda, pero lo hace partiendo desde dentro: busca línea de fondo y realiza un pase tenso, ante el que cualquier toque puede introducir el balón en la portería. Así fue. Si no se marca en propia el defensa, llegaban Mollejo y Azón con la intensidad que ambos acostumbran. Desmarque, pase, profundidad, llegada e intensidad: 2-2. Y el tercero llega en el minuto 90… ¡con 8 futbolistas en ataque! Tranquilidad en las combinaciones hasta enviar el balón a banda con ventaja, para que Fuentes saque un buen centro mejorado por el gran remate de cabeza de Mollejo y certificar así una remontada que se recordará durante tiempo. Movilidad, combinación, tranquilidad, centro, intensidad y remate: 2-3.
