carcedo se sabotea de nuevo
El Real Zaragoza se desploma tras el descanso y vuelve a terminar un encuentro mucho peor de lo que lo comenzó, perdido y desarmado -una vez más- por los incomprensibles cambios de un entrenador que avanza hacia su destitución
Javi Hernández (@SepiaHdez)
Archivo Alfonso Reyes (@Futbolgrafo)
El Real Zaragoza está condenado a convivir con el peligro en el cuerpo y la pena en el alma mientras su entrenador estropee con sus cambios al equipo, casi cada jornada, cuando llega la segunda parte. El fútbol posterior a la pandemia, con sus cinco cambios y tres ventanas, convierte la lectura del partido en una virtud diferencial para un técnico. Doce jornadas después -unas cuantas antes, en realidad-, podemos resolver que se trata del defecto más grosero de Carcedo, que cualquier progreso en la clasificación es saboteado por sus improbables decisiones y que esta dolorosa incapacidad hará, más pronto que tarde, insostenible su continuidad en el banquillo aragonés. Ojalá no fuera así. El día que podía darse un golpe de efecto y cambiar el futuro que ya muchos han escrito terminó siendo el mismo insoportable día de casi siempre.
¿Qué sentido tiene sustituir al descanso a un Bermejo que, por fin, se le permitía sacar brillo a la mediapunta y hasta había rozado el gol con un disparo al palo desde la frontal del área justo antes del descanso? Ninguno. Sólo un inconveniente físico podría explicarlo -parece que el futbolista lo pidió al descanso-, aunque no alcanzaría para justificar la decisión de dar entrada a Vada. El argentino, por fin suplente tras un arranque de temporada invisible, no respondía al perfil intenso y vertical que las características del rival demandaban. Simeone o Mollejo hubieran sido opciones más saludables.
Sería ventajista decir que el Granada se adelantó por este cambio, aunque fueron Fuentes y Vada quienes rompieron el fuera de juego en el gol del central Rubio, en la continuación de un laxo despeje de córner al minuto de comenzar la segunda mitad. No se puede alejar la pelota con tan poca contundencia, ni salir del área subiendo líneas de manera tan desprolija y tan falta de tensión. Apenas un cuarto de hora antes, el Real Zaragoza abrochaba un muy reseñable primer tiempo en el área rival. Casi todo desapareció tras el descanso. De nuevo.
Carcedo preparó tres sorpresas en la alineación o, mejor dicho, entre quienes no fueron elegidos de inicio. Los ordenaremos, subjetivamente, de mayor a menor: Francés, Jair y Simeone. Se esperaba el regreso del central portugués -de muy mala segunda parte anoche, como ya ocurriera en Santander-, pero no se podía sospechar que lo hiciera por el canterano, ya recuperado de su lesión en el codo, si no mediaron molestias físicas de última hora. No lo pareció. Larra entró por Vada, pasando Bermejo a la mediapunta, y el rendimiento del equipo lo agradeció. Y Simeone aguardó su turno, mientras Puche y Gueye repetían una titularidad merecida por su buen partido anterior.
El Granada amenazó con un monólogo de salida, pero pronto el Real Zaragoza comenzó a sentirse cómodo con la pelota y hasta amenazante con su delantera. Gueye le ganaba los primeros pulsos a los centrales y permitía que Bermejo entrara en juego y que Puche y Larra se proyectaran a la espalda de los laterales. Pese a las buenas sensaciones, Cristian acudió puntual a su rescate semanal y le negó un muy buen disparo a Uzuni con una estirada magistral. Callejón, unos minutos más tarde, no encontró portería desde la medialuna tras una desatención defensiva de Fuentes.
La primera mitad avanzaba con un Zaragoza cada vez más seguro de sus posibilidades y sin más sobresaltos que los pocos hábiles pisotones de Jair a Puertas -dentro del área- y a Bermejo. El VAR optó por no condicionar el choque y el árbitro no fue requerido para revisar un penalti sólo posible en el distorsionado fútbol de hoy en día. El árbitro atropelló al conjunto aragonés unos minutos después, cuando señaló de inmediato una durísima entrada de Bodiger sobre Puche, para amonestar al francés… y cortar un peligrosísimo tres contra dos favorable a los visitantes, a campo abierto y con Larra con toda la ventaja para encarar a Raúl Fernández si Bermejo le ponía un cómodo pase en profundidad. Si hubiera sido un error involuntario, el árbitro se habría disculpado inmediatamente, al darse cuenta del panorama. No lo hizo.
Bermejo frotó la lámpara apenas unos segundos más tarde. Gueye peinó un envío en largo para que el madrileño controlara con el hombro, superara la presencia de un rival con un hábil toque de cabeza y disparara con la zurda al poste izquierdo de Raúl Fernández. Se agotaba el primer tiempo y el Zaragoza que podría ser con una mejor gestión había tuteado a domicilio a uno de los gigantes de la categoría. ¿Sería capaz de darle continuidad durante la segunda mitad? ¿Estaríamos ante la noche del golpe de efecto que necesita esta temporada cada vez con más urgencia?
El tenebroso arranque en la reanudación, donde el conjunto aragonés desapareció dramáticamente y el Granada pudo ampliar su ventaja hasta el sonrojo: Rubio marcó un segundo gol bien anulado por fuera de juego, Lluis salva con fortuna -su despeje en semifallo da al poste- un gol cantado de Uzuni y Cristian -que ayer cumplió 200 impagables partidos con el Real Zaragoza– volvió a firmar una sobresaliente parada a disparo cruzado de Callejón. Si la entrada de Vada por un probablemente lesionado Bermejo se entendió poco y al equipo le sentó peor, sentar a tu nueve para que entre Simeone, necesitando marcar un gol al menos, no tiene ningún atenuante y resulta reincidente.
Quizá este entrenador no tenga aquí otro partido con más a ganar que a perder, donde ser valiente y buscar un triunfo con todos tus recursos disponibles podía cambiar el rumbo de su destino. Pero la naturaleza de cada uno es la naturaleza de cada uno y ni en este decisivo cruce de caminos es capaz de huir hacia delante, morir por exceso y juntar a Simeone con Gueye. Hasta marcar el gol del empate, al menos. Lo marcó Giuliano, sin Pape, y el VAR confirmó la muy discutida decisión del árbitro de anularlo por fuera de juego. La repetición sin líneas no daba esa impresión, pero éstas lo legitimaron por apenas milímetros. Habrá que creerlo y aceptarlo, aunque cueste.
Esa acción vitaminó algo al conjunto aragonés, aunque quiso ir a pescar sin anzuelo. Fuentes puso un par de muy buenos centros para un equipo que tuviera jugando a un nueve cabeceador… Por momentos, se repitió el sinsentido del día del Oviedo, cuando se terminó con Jair de delantero porque Gueye no estaba en el terreno de juego. Mollejo y Luna refundaron las bandas y el madrileño rozó el gol desde la frontal en el minuto 90. El Granada terminó sufriendo, muy poco, porque se vio tan superior por momentos durante la segunda mitad que se relajaba en exceso cada vez que pisaba el área aragonesa, mientras los centrales visitantes se iban desfigurando con el final del encuentro y la sombra del ausente Francés se agigantaba. Zapater volvió a salir por Grau en los últimos instantes, pero esta vez el capitán no protagonizó ninguna escena de película. Petrovic sigue en el cuarto oscuro de Carcedo, mientras su agotadora apuesta por Molina y Vada -en esta ocasión, en la segunda parte, es cierto- convierte al Real Zaragoza en un equipo naif y vulnerable. Falta rotundidad en el medio y amenaza arriba. Este plan hace tiempo que no funciona y no parece existir otro en la mente de un entrenador, que ha convertido en una macabra costumbre sabotearse con sus propios cambios en cada partido.
GRANADA: Raúl Fernández ; Ricard, Rubio, Víctor Díaz, Quini (Pepe Sánchez, 49); Bodiger, Meseguer; Puertas (Rochina, 89), Melendo (Ignasi Miquel, 70), Uzuni (Jaime Molina, 70); y Callejón (Bryan Zaragoza, 89).
REAL ZARAGOZA: Cristian Álvarez; Gámez, Lluís López, Jair, Fuentes; Grau (Zapater, 82), Molina; Larrazabal (Luna, 67), Bermejo (Vada, 46), Puche (Mollejo, 67); y Gueye (Simeone, 53).
ÁRBITRO: González Francés (Canario). Amonestó a Bodiger (39), Uzuni (68), Meseguer (77), Víctor Díaz (83), Jaime Molina (96) y Lluís López (96).
GOL: 1-0, min. 46: Rubio.
INCIDENCIAS: Partido correspondiente a la duodécima jornada de Liga, disputado en Los Cármenes. 15.000 espectadores.
