UNA AVISPA EN EL CIELO

ALFONSO REYES @futbolgrafo

una avispa en el cielo

Guiliano Simeone ha caído de pie en La Romareda. Su fútbol de altísimas pulsaciones ha dado varios puntos al Real Zaragoza en este inicio de temporada, le ha costado una expulsión crítica en Santander y lo ha convertido en un proyecto ya muy avanzado de ídolo para la afición. Su salida por la rampa de vestuarios durante el calentamiento previo al encuentro resultó un baño de afecto, que él devolvió y alimentó con su sonrisa y sus dos brazos estirados para chocar manos con los zaragocistas allí presentes. Hay que ser muy Simeone para que te reciban así tres días después de ver una roja. Giuliano lo es.

La suplencia de Azón fue una de las sorpresas del once de Carcedo. Quizá podía esperarse, dado que el canterano suplicó el cambio  mediada la segunda mitad en Santander, pero parecía obligada su presencia ante la sanción de Simeone. Gueye debutó como titular y el senegalés cambió la mirada de La Romareda tras un colosal cabezazo al filo del descanso. Esta imagen, simpática y cómplice de Iván mirando a cámara, lo enmarcaba entre leones y lo definía como un león enjaulado.

La camiseta avispa de los años 90 rodeada de asientos vacíos. No podía haber mejor alegoría para homenajear la tristísima e inimaginable pérdida de nuestro amigo y compañero Jesús Mesa, quien junto a Dani Tejero -la otra mitad de los Hermanos Carcoma- nos regaló su talento y humor en nuestras dos campañas de temporada en leonsepia.com. Un fulminante cáncer de pulmón se lo ha llevado en apenas un par de semanas, pero su recuerdo y cariño siempre estarán con nosotros. Te queremos, teniente. ¡Aúpa!

De manera premonitoria, Zapater fue reclamado por varios aficionados zaragocistas para hacerse un selfie antes de que comenzara el encuentro. Había rozado el gol salvador ante el Oviedo, sólo evitado por una muy buena respuesta de Tomeu Nadal, y apenas faltaban un par de horas para que se convirtiera en el inesperado héroe de la tarde. La red social de esa joven zaragocista, imaginamos, habrá explorado de likes al acabar el choque y compartir su fotografía junto al capitán.

Ese poderosísimo remate de cabeza de Gueye tiene todavía temblando los cimientos de la portería del fondo sur y mantiene con las pupilas dilatadas y la boca aún abierta a quienes lo vieron en primera fila, detrás de la red defendida por Jorgensen. ¡Qué cabezazo! Hacía tiempo que no se vivía nada parecido y ese trueno despertó la admiración de La Romareda hacia el senegalés, que ya había anotado un gol tras centro de Puche y que fue despedido con una ovación al ser sustituido a la hora de juego.

En el córner siguiente al descomunal cabezazo de Pape, Grau remató a gol un servicio de Vada. Después de celebrarlo todos cerca del banderín desde el que llegó el centro, los futbolistas se fueron a abrazar a Carcedo, en un inequívoco gesto de unidad y fuerza interior. Si un equipo se define por cómo celebra sus goles, el Real Zaragoza rebosa salud en su vestuario.

Quién venía de anotar una vaselina antológica ante el Oviedo, falló un gol increíble ante el Villarreal B. En ese cortante filo vive siempre un nueve. Azón no se lo podía creer y Puche, al otro lado de la red lateral y en un primer plano desenfocado, tampoco. Iván estuvo incómodo y poco acertado durante la media hora que jugó… salvo en su última acción previa a romperse muscularmente, donde tuvo la pausa y la precisión para encontrar a Zapater y firmar una asistencia que salvó a Carcedo de la destitución y a la tarde de acabar en una desagradable explosión.

Quizá esta imagen no tenga el nivel suficiente para ser destacada, pero sí lo merece su protagonista. Larra habilitó de manera perfecta el desmarque al espacio de Azón, incluso recomponiéndose de un primer tropiezo, y su figura parece cada vez más asentada en este Real Zaragoza. Le ha costado más de dos temporadas, cesión al Amorebieta incuida, pero Larrazabal se acerca ya al nivel que animó a su fichaje y la noticia no puede ser mejor.

Mollejo sonríe, Luna explota y Zapater despega. Quedaban apenas tres o cuatro minutos para que una bomba detonara y este álbum se llenase de imágenes de Carcedo en su último partido antes de una destitución más que probable, cuando el capitán, cual artificiero de los equipos especiales de un ejercito, lo desactivó de la única manera posible: marcando el gol de un triunfo que se venía mereciendo y estaba a punto de escaparse.

Zapater se levantó exhausto por la emoción, después de una celebración pletórica junto al fondo de animación y sepultado por todos sus compañeros. Bermejo, el mejor zaragocista del encuentro, le felicitaba nada más ponerse en pie y juntos, entre la felicidad y todavía cierta angustia, se disponían a acabar con un partido que ya no podía dejar de ganarse. Con mucho sufrimiento, demasiado, pero se logró… ayudados, no lo duden, por esa avispa que ya vuela y hace reír en el cielo.

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