"20 años de gardel y un nuevo tango infeliz"

ALFONSO REYES @futbolgrafo

El 17 de junio de 2001, Juan Eduardo Esnaider disputaba su último partido con la camiseta del Real Zaragoza. Con un injustificable codazo al central Jairo al cuarto de hora de comenzar el encuentro, dejaba con uno menos a su equipo, que necesitaba empatar ante el Celta para certificar una permanencia que se terminó alcanzando (1-1, Jamelli), en grandísima medida, por sus recitales solitarios en punta de ataque durante toda aquella segunda vuelta. La Romareda, muy incómoda con el presidente Solans y presa del pánico, abroncó -sin piedad ni medida- a Gardel en su salida del terreno de juego. 20 años son bastante más que nada, por más que el tango se empeñe en cantar lo contrario, y el sábado Esnaider volvió a lo que siempre será su casa, por primera vez como comentarista de Movistar+. Esta cuarta galería FUTBOLGRAFÍAS de esta temporada, que va a compartir imágenes de los desencuentros de este Real Zaragoza con la portería rival, no podía tener un padrino mejor en la cabecera, aunque luego ninguna de las acciones que comentaremos harán justicia a lo que fue su figura como delantero centro.

Narváez está siendo el atacante del Real Zaragoza que más ocasiones viene firmando desde el inicio de la temporada y, aunque logró gritar su primer gol contra el Sanse, quizá la frustración acumulada le hiciera desaprovechar alguna ocasión clara, como la que muestra esta imagen. Desde la portería contraria pude encontrar esta rendija para capturar el instante, no mayor que la que Ayesa ofrecía al colombiano por su palo. El portero donostiarra terminó despejando el disparo y ahí empezamos a revivir el mismo partido en el que llevamos atrapados desde Valladolid.

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Esta imagen la destacamos en la maqueta porque reúne dos inmensidades. La desesperación de Francés -compartida, claro, por la afición de fondo- con un gesto a medio camino entre taparse la cara y morder la camiseta, mientras regresa a defender tras una nueva ocasión perdida. Y la segunda, no se sabe si aún mayor, la de la propia portería: enorme en esta fotografía y en la realidad. ¿Cómo es posible que un esférico, de apenas 30 centímetros de diámetro, esté resultando tan huidizo para una red de más de siete metros de ancho? El momento está siendo cruel y caprichoso, pero la desesperación general debe canalizarse en combustible para seguir buscando hasta encontrar.

Nano Mesa también acumula méritos sobrados para estrenarse como goleador. Está electrico, enchufado, intenso, valiente, encarador… Las pide todas y aporta siempre: es un desahogo para sus compañeros y una amenaza para los rivales, que terminan reuniendo auténticas murallas humanas para tratar de sofocar sus intentos.

Las imágenes, si tienes la habilidad o la suerte de captarlas en el momento exacto, tienen un poder que a las palabras les cuesta alcanzar. Aquí vemos cómo el foco se centra en el lamento contenido e incrédulo de Mesa, cuya mirada le pide explicaciones al universo mientras le confiesa que está muy lejos de rendirse, y en el aficionado del fondo, cuya conexión con su equipo y con el fútbol que ofrece no se resiente con los goles errados ni logra contener una mascarilla quirúrgica.

Nuestros delanteros persiguen el balón en el área rival como se iba detrás de las esquivas pepitas durante la fiebre del oro. Toda la riqueza que promete el fútbol del equipo no se concreta por alguna impuntalidad, varias imprecisiones y numerosos infortunios. Azón volvió a agitar el ataque, en una segunda parte donde se jugó de manera menos brillante y algo más atropellada, pero tampoco se muestra quirúrgico en la suerte del remate todavía.

Pequeño mural de frustraciones compartidas. Francés golpea el césped tras comprobar cómo Arambarri niega, a falta de muy pocos centímetros, que su precisa vaselina ante la salida de Ayesa encuentre el 2-1 triunfal que nunca llegó. En apenas unas imágenes, el canterano viajó de la impotencia a la desesperación.

Siguió instalado en ella minutos más tarde, de fondo y desenfocado, mirando al juez de línea sin creer que hubiera podido anular -por fuera de juego claro- el gol de Narváez, quien se dispone a astillar el poste de una patada que libere así parte de la desazón acumulada.

Sólo queda levantarse y seguir, porque aquí la insistencia debe pagar más pronto que tarde. Si este Real Zaragoza muestra una virtud todavía superior a su juego es la rebeldía que muestra para convivir y sobreponerse a tanto sinsabor y a tanta amargura en ambas áreas, quizá en especial en la rival. Sirva este nuevo álbum de FUTBOLGRAFÍAS para captar lo ingrato del momento, pero no para alimentar ninguna mirada catastrofista: las ocasiones terminarán entrando y las victorias, llegando.

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