El Real Zaragoza recibe a su gemelo Oviedo con la urgencia de sofocar el incendio declarado tras ser incapaces de ganar al Eibar. Carcedo cambiará el dibujo y reunirá a dos delanteros en punta. Mollejo podría ser la novedad
Poco o nada hemos aprendido en este calvario de diez años cuando, estando todavía en la primera mitad de octubre, volvemos a sentir que el Real Zaragoza se juega buena parte de esta temporada en los próximos seis días. Y, por supuesto, al creer que el entrenador debe ser destituido si no suma un apreciable botín de puntos -no menos de seis- en los tres encuentros venideros. Así es la ciudad en la que vivimos -así son sus principales y apenas constructivos medios de comunicación- y nadie nos va a cambiar. En este contexto, con el cachirulo ya anudado al cuello, el errante Real Zaragoza del errático Carcedo está obligado a ganar en la visita de su gemelo Oviedo y sofocar el incendio declarado tras ser incapaces de ganar al Eibar, pese a jugar con superioridad numérica durante más de una hora -incluyendo los eternos añadidos-. La previa llega con una alegría de primer orden: el club ha renovado a Cristian Álvarez hasta junio de 2024. ¡Gracias por tanto, arquero!
Carcedo parece decidido a redoblar la escuálida amenaza ofensiva de su equipo y a reunir, por primera vez desde que llegó a la capital aragonesa, a una doble punta. No a dos delanteros y uno jugando por banda. Eso ya lo hizo la pasada semana. Serían un par de atacantes pisando el área y mordiendo la salida del balón del rival. La falta de registros ofensivos que desnudó la segunda mitad del último encuentro, en especial con el Eibar ya sólo con nueve futbolistas sobre el campo, obliga a cambiar el plan. El Real Zaragoza nunca se elevará de la intrascendencia en la clasificación si es esclavo del equilibrio y no suelta el freno de mano. O muerde y es vertical, o convierte cada partido en una guerra de guerrillas sea quien sea el rival, o el grito de las viudas -viudos, en este caso- que nos rodean será cada vez más ensordecedor.
Con la casi certeza de que Simeone y Azón van a coincidir arriba -sería una sorpresa la titularidad de Gueye, quizá en Santander el miércoles sí salga de inicio-, todas las incógnitas de la próxima alineación parecen concentrarse en cómo va a ordenar Carcedo el centro del campo y quiénes van a ser los elegidos. ¿Volverá Molina? ¿Seguirá Vada? ¿Se mantendrá la figura del mediapunta en una suerte de rombo o se seguirá el doble pivote más dos por fuera? Cuando se pensó el Juego del Sepia se imaginaban menos incógnitas que despejar en una previa.
Apenas decimos nada de la defensa, porque apenas hay nada que decir… Salvo que Francés, cada vez más cerca de volver de su lesión en el codo, sea la gran sorpresa de una convocatoria que no se dará hasta el mismo día del partido; estando en ella, pasaría directamente al once titular con mucha probabilidad. Quinteros apunta a baja por molestias musculares y Vigaray acumulará su segunda citación consecutiva, de no mediar ningún inconveniente de última hora. Borja Bastón concentrará casi toda la amenaza de un rival con la misma sequía goleadora -cuatro en ocho partidos- y que llega con las sensibles bajas del zurdo Borja Sánchez, del emergente Koba, así como de los defensas Dani Calvo y Miguelón. Sangalli sí viaja, pese a haber sido baja hasta última hora.
Volvamos al solomillo del asunto: ¿cómo va a rediseñar Carcedo el mediocampo para sostener y alimentar su muy probable doble punta? Una posibilidad, preferida por buena parte de nuestro público, sería proponer tres centrocampistas centrales y mantener la figura del mediapunta. No parece que sea lo que el técnico lleva en la cabeza, más aún cuando en su comparecencia de la víspera ha hablado de incluir jugadores con desborde y que amenacen al espacio. Esta idea, compartida en público por el técnico, anima a pensar que se mantendrá el doble pivote -quizá Molina o hasta Petrovic por Francho– y habrá una o dos novedades en las bandas. Ahí Mollejo, Puche y Larra asoman como candidatos al once.
Apostamos por Mollejo en lugar de Bermejo, pese a que éste tiene más desequilibrio y amenaza al espacio que Vada, porque viene con la musculatura en ámbar, porque ha sido uno de los afectados por el virus gastrointestinal que se ha paseado por el vestuario esta semana -también Mollejo- y porque la fe de Carcedo en el argentino no emite ninguna señal de quebranto. Tampoco lo hacia con Manu Molina hace una semana y pasó a ser suplente. Todo es posible. Hasta que este Real Zaragoza se reencuentre con el gol y con el fútbol ante un convulso Oviedo, para silenciar el ruido, recuperar adeptos a la causa y -Racing y Villarreal B mediante- tener unas fiestas en paz.
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