El Real Zaragoza, tras el desatino táctico ante el Lugo, recuperará su fisonomía más reconocible en Ponferrada y apostará por Fuentes y Gueye. Regresa Grau, viaja Lasure; Azón y Francés, bajas. Vada y Mollejo, por un puesto
Mientras el ardor de estómago no permitía digerir la inopinada derrota en casa ante el Lugo, el miércoles nos sacudió con un escalofrío y el jueves confirmó parte de los peores pronósticos: Alejandro Francés, de tibio arranque de temporada, se perderá en torno a un mes de competición por una dolorosa lesión en el codo, provocada por una mala caída en los minutos finales del último encuentro. Aún sin Azón, ya en el final de la escapada de su edema óseo -se espera que la semana próxima se reincorpore a los entrenamientos del grupo-, el Real Zaragoza visita Ponferrada con 23 jugadores -recupera a Grau y se estrena Lasure, mientras Rebollo y Vigaray completan la nómina de descartes- y con la necesidad de sumar un primer triunfo que devuelva a su ser el idealismo perdido.
Carcedo tuvo un ataque de entrenador en el peor lugar posible. La Romareda puede tener la madurez suficiente para aceptar que sólo podremos ser lo que fuimos si no negamos lo que somos. Pero, por diez temporadas que ya soportes en Segunda, nunca te va a permitir que te sometas tácticamente ante un rival que no es siquiera candidato al ascenso. No seremos grandes, pero no jugamos como pequeños. Había alternativas menos influyentes en la esencia propia para sofocar la puntual amenaza aérea de Barreiro y Ramos, como situar a Petrovic por el sancionado Grau y que el serbio se incrustara entre Francés y Jair cada vez que los visitantes se acercaran a línea de fondo. Hubo un exceso de intervencionismo que, aunque se quiera relatar con que sólo influyó en la segunda mitad y no alteró el dibujo habitual, sí desfiguró el alma todavía en construcción de este Real Zaragoza.
Llega la contrarrevolución. El conjunto aragonés volverá -al menos, en el sistema de juego- a parecerse a sí mismo esta tarde en un Toralín del que nunca se ha vuelto con un triunfo: cinco empates y dos derrotas. Y lo hará con tres novedades de feliz calado. Con el regreso siempre celebrado de Jaume Grau, el auténtico faro del centro del campo, y con la muy probable doble novedad de Fuentes y de Pape Makhtar Gueye en el once titular. No se entendería que fuera de otra manera, por más que su proceso de adaptación todavía no se sienta completo. Hay un solo dato que cierra sesión de cualquier otra hoja de cálculo: dos puntos de 12… Hay que ganar ya. Y siempre es más probable hacerlo con los presuntos mejores de inicio.
Se prevé que Carcedo persista en una fórmula que todavía no resulta ganadora: doble pivote y Manu Molina fijo en él. El centrocampista andaluz, debutante de impacto en la categoría la pasada temporada -con 29 años- de la mano del actual técnico del Real Zaragoza, todavía no se acerca a la dimensión creativa que se le supone. Esa falta de vuelo compromete la propuesta y parecería recomendar una de estas dos vías: o añadir un tercer centrocampista central y adelantar la posición de Molina o armar otro doble pivote -con Petrovic como aspirante con más méritos a día de hoy- y ganar en solidez para que la estructura no se agriete.
Recuperar un lateral izquierdo profundo, que absorba toda su banda en un ida y vuelta permanente, puede asumirse mejor con las seguras vigilancias que aporta Grau desde el doble pivote y, a su vez, es clave para poder amenazar con dos delanteros y un mediapunta que pise área detrás de ellos. La semana de entrenamiento del colombiano Fuentes ha causado una sensación más que notable: se proyecta, amenaza, centra con precisión y regresa con puntualidad. Con la lesión de Francés, Nieto se reacomoda como central de emergencia y Lasure entra en su primera convocatoria del curso, aparentemente, como suplente de Fuentes.
Gueye y Simeone -pese a no tener más delanteros puros disponibles todavía-, con Bermejo por derecha, parecen seguros como puntas de lanza. Faltaría un cuarto elemento y ahí Vada, Mollejo y Puche llegan a las horas previas en pleno pulso. Si Carcedo apuesta por los dos argentinos –Valentin y Guiliano-, es posible que Simeone tenga que atender a obligaciones defensivas en banda izquierda. No lo hará, y sostendrá una doble punta más natural, si Mollejo o Puche son los elegidos. Nunca se ha vencido a la Ponferradina en su actual domicilio. Quizá haya que aprovechar que Yuri y Agus Medina están lesionados, y que el extremo Dani Ojeda llega justo a la cita. El poderoso Derik -de muy mejorable apellido- es su gran amenaza, secundado por el filo de Naranjo y los disparos de media distancia de Nwakali. Llega la contrarrevolución. Hasta la victoria -la primera y las siguientes- siempre.
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