ROJOS DE VERGÜENZA
El Real Zaragoza firma un segundo tiempo infame, es apalizado por los pies de seda del eterno Rubén Castro y se mete de lleno en la pelea por evitar el descenso. Simeone tuvo el 0-1 a puerta vacía en el 44, pero se le escapó la tortuga...
Javi Hernández (@SepiaHdez)
Archivo Alfonso Reyes (@Futbolgrafo)
El Real Zaragoza vive su peor momento de la temporada… en el peor momento de la temporada. Cuando tenía la oportunidad de asegurarse una permanencia holgada y trabajar con calma un próximo proyecto -que ya no va a admitir más angustias por parte de una afición agotada de tanto sufrimiento-, se nos ha caído el andamio encima. Dos derrotas consecutivas, siete goles en contra ante el Alavés y el Málaga -cuando apenas se habían recibido 22 en 26 jornadas-, y ya sólo un equipo -el Racing- y cuatro puntos -más average- de fino colchón con el descenso. Quedan 14 jornadas, un tercio del campeonato, y 17 puntos por sumar. No parecería mucho si no llegásemos en caída: la peor manera de llegar al peor momento de la temporada.
Sentimos la carga negativa del primer párrafo, pero la segunda mitad que ha firmado el Real Zaragoza en casa de un moribundo ha resultado insoportable y nos ha enrojecido la piel de vergüenza. Daría la impresión de que el conjunto aragonés, de apreciable primera mitad -visto lo visto después-, salió del descanso apenas a esperar que el Málaga se muriera solo. Que pasaran los minutos, la grada se fuera incendiando y se alcanzase un triunfo vital por pasiva refleja, sin comprometerse a ser el sujeto de la acción.
Error gravísimo. En la vida, en la que le ha tocado conocer al que escribe al menos, casi nada llega por el mero hecho de desearlo. Hay que remangarse, respirar profundo, armarse de valor e ir a por ello. Eso hizo el Málaga, desde que Pellicer apostó por Rubén Castro al descanso y el incombustible canario -a poco más de 100 días de cumplir 42 años- nos pintó la cara con dos pinceladas de su bota derecha y enmarcó esta victoria que vale una resurrección superando a Quini y convirtiéndose en el máximo goleador español de la historia entre Primera y Segunda -285 goles-. El equipo aspirina también es el equipo Trivial Pursuit…
Escribá le cambió la cara al once inicial con hasta cinco cambios respecto a la sonora derrota ante el Alavés. Y a juzgar por su indisimulable enfado al término del encuentro, quizá sintió que hizo corto… Lluis y Bermejo cumplieron los pronósticos y asomaron en una alineación, que no está nada claro que los incluya el domingo contra el Burgos. Tampoco hay ninguna certeza con el resto de novedades. Larra sentó a Gámez y al cuarto de hora ya había visto una amarilla por dejarse el balón atrás y tener que bajar abruptamente a Fran Villalba… Alarcón apenas se mejoró a sí mismo y no pareció superar al sacrificado Zapater. Y Vada sentó de primeras a Puche, dando flexibilidad al 442 -convirtiéndolo por momentos en un 4231-, pero apenas cosió algún ataque y fue acumulando golpes hasta casi desaparecer de escena.
El partido rozó repetir el drama de arranque de Gijón. Aquí, como mínimo analgésico, se hubiera ganado un buen titular para la crónica:: ‘Ya estamos en Haro’. Genaro, el mediocentro posicional de un Málaga que soltaba a Ndiaye a pivotear en una mediapunta impropia de sus condiciones, se desmarcó de Nieto para llegar a un centro de Delmás y no superar a Cristian por ser incapaz de contactar con el balón con un mínimo de precisión. El Zaragoza se rehizo de este primer susto y Jair comenzó a emerger para negarle todas las acometidas a los locales, cerrando un zurdazo de Villalba desde el punto de penalti como principal punto en su hoja de servicios.
Bebé se paseó durante toda la primera mitad con un velcro en el empeine derecho. Descolgó con maestría todos los cambios de orientación que lo buscaban como faro de ataque y supo combinar las conducciones hacia dentro con los desbordes por fuera, complicándole el inicio de la noche a Delmás. Vada remató inocente en una posición ventajosa ya dentro del área, Yáñez rechazó con apuros un disparó casi sin ángulo del portugués y Bermejo, muy pálido toda la noche -desconfíen de la estadística avanzada-, malgastó con su pierna buena un notable servicio del único generador de fútbol que tuvo el Real Zaragoza durante toda la primera mitad.
La más clara, en todo caso, se la fabricó el artesano del barro. Giuliano apuró a Yáñez en una cesión que se quedó parada por un césped que pareció demasiado seco –Lluis y Jair ya lo sufrieron al inicio del partido, en alguno de esos pases horizontales que se dedican sin demasiado sentido-; el rechace favoreció su carrera, ya dentro del área y a portería vacía. Pudo rematar de primeras, pudo hacerlo de segundas con la zurda… y lo hizo a la tercera con la derecha, dando tiempo a Ramalho a cruzarse desesperadamente y enviar a córner una acción de gol o gol. El Málaga sintió el revolver en su sien, pero a Simeone se le encasquilló el gatillo y le perdonó la vida. Veremos hasta qué punto se nos complica la nuestra y nos acordamos de esta acción en los próximos meses.
Vada, quien venía de un latigazo cervical por un inesperado choque con Juande, pidió un posible penalti -justo sobre el pitido final de la primera mitad- al recibir un contacto cuando quería rematar un rechace concedido por Yáñez a disparo -de nuevo- de Bebé. Gorostegi Fernández, finalista en el cásting del malo –Gandía– de la cuarta temporada de la Casa de Papel, no le hizo demasiado caso. Y el VAR menos, no fuera a ser que se nos enfriara la cena en el táper. Tampoco estábamos para reclamar demasiado, dos minutos después de fallar la que habíamos fallado…
Pellicer no quiso esperar más para cargar su bala de oro. Rubén Castro, en la temporada menos prolífica de una carrera imponente, entraba por N’Diaye y el Málaga pareció salir de la cabina de teléfono dejando de ser Clark Kent. 442, con Lago Junior ahora por izquierda para amenazar la temprana amarilla de Larra, y una doble punta demasiado exigente de contener para Lluis y Jair. Cuando los primeros pitidos ya susurraban los oídos propios en La Rosaleda, Demás le ganó la espalda a Nieto, la puso atrás para Villalba, quien centró a la espalda de Larra y ahí Rubén Castro adelantó al Málaga, superó a Quini y enrojeció el presente y el futuro inmediato del Real Zaragoza.
Escribá reaccionó sentando a la banda derecha, para dar entrada a Gámez y a Puche. El canterano se puso en punta y Vada pasó a la derecha. Enseguida, Castro falló un control con el exterior en el pico derecho del área del Real Zaragoza, ese leve error permitió a Lago Junior -tres goles en seis partidos- entrar en la ecuación, encarar a Francho y marcar el gol enroscado que llevaba buscando Bebé todo el partido… Una sedosa vaselina de Rubén Castro, tras pase en profundidad de Febás ante la impotente salida de Cristian, nos clavó la tercera estaca en un corazón incapaz de dejar de sangran. Francho, de partido deficiente, demostró su bravura apareciendo en los minutos finales, cuando menos le apetecería hacerlo a cualquiera. Pau Sans salió tras el 2-0 y apenas se hizo notar. Quizá su momento estuvo en la primera ventana de cambios. Se dirá que el objetivo ya está claro y no dejará de ser una inexactitud… Está definido: asegurar la permanencia. Pero después de esta derrota vergonzante y de tener que sumar todavía 17 puntos en las próximas 14 jornadas, el objetivo, lograrlo, -por desgracia- no está nada claro.
MÁLAGA: Yáñez; Delmás, Juande, Ramalho, Cristian Gutiérrez (Javi Jiménez, 76); Genaro, N’Diaye (Rubén Castro, 56); Febas, Villalba (Escassi, 64); Lago Junior (Appiah, 88) y Fran Sol (Gallar, 64).
REAL ZARAGOZA: Cristian Álvarez; Larrazabal (Gámez, 63), Lluís López, Jair, Nieto; Francho, Alarcón (Molina, 76); Bermejo (Puche, 63), Vada (Pau Sans, 76), Bebé; y Simeone (Gueye, 81).
ÁRBITRO: Gorostegui Fernández (Comité Vasco). Amonestó a Larrazabal (17) y Simeone (79).
GOLES: 1-0, min. 55: Rubén Castro. 2-0, min. 75: Lago Junior. 3-0, min. 82: Rubén Castro.
INCIDENCIAS: Partido correspondiente a la vigésimoctava jornada de Liga, disputado en La Rosaleda. 16.000 espectadores.

Yo veo al equipo muerto, no entiendo cómo se puede cambiar tanto en los últimos dos partidos. Esperemos que pueda revertir la situación Escribá. Desde luego hay jugadores que tiene que ir a la banqueta o en su defecto a la grada. Nos va a tocar sufrir y mucho . Mucho ánimo a todos.
Que nos patrocine Bayer de una vez… Se nos acaba la ilusión y la paciencia