AZÓN NOS DEJA HELADOS
El delantero pidió el cambio a la media hora, en una probable recaída de su lesión en el isquiotibial, y al Real Zaragoza se le apagó el fuego del inicio del choque. Bermejo disparó al poste y Cristian evitó la derrota con una reacción colosal
Javi Hernández (@SepiaHdez)
Alfonso Reyes (@Futbolgrafo) y Daniel Marzo (@DMarzoFoto)
Un punto más. Quedan 20. En la vida y en el fútbol hay que saber limitar los daños cuando el destino se empeña en volverte la cara. El partido de anoche -su primera mitad, si se quiere reducir todavía más- es un resumen perfecto de lo que podría ser este Real Zaragoza y lo que lleva siendo casi toda la temporada. Cuando este equipo puede reunir a todo su frente de ataque, es vertical y parece próximo al gol. Pero la fatalidad es obstinada y, tras una de las mejores medias horas del curso, Azón se sentó en el césped sin previo aviso y todos nos quedamos helados. No podía ser. Sí podía, por desgracia.
Azón pidió el cambio y se generó un vacío emocional que resonaba en lo más profundo de cada uno. Simeone, siempre expresivo, se llevaba las manos a la cara y el resto de compañeros trataban de consolar a Iván, acaso buscando también algo de consuelo ante tanta adversidad. Quizá sea una recaída leve, o ni siquiera llegue a ello. Escribá reconoció después del partido que el jugador había notado «algo raro» en la zona y puede que la reacción tuviera más de preventivo que de otra cosa, tras todo su calvario de lesiones sufridas desde el verano. Ojalá. Por poco que sea, el equipo lo sintió como si de una triada se tratará y alcanzó el descanso hecho un espectro.
Ahora vamos con el relato del choque, pero sirva el inconveniente -más allá del grado de la lesión que revele una próxima resonancia- para recalcular la prioridad en esta jornada de cierre de mercado y situarla en un delantero. Ya jugará por banda quien sea -ninguno será un extremo-, pero esta plantilla necesita un tercer delantero de mínimas garantías para sostenernos hasta la permanencia, entre la musculatura acristalada de Azón y la renqueante espalda de Simeone. Gueye no es ese hombre. Ayer lo volvió a demostrar, por si quedaba alguna esperanza despistada.
Escribá salió con todo, en una huida hacia delante que pareció excesiva, pero que La Romareda siempre valora. Además de apostar por Azón y Simeone de inicio, sorprendió con el recién recuperado Bermejo por derecha. Y aún lo hizo más que el madrileño, fuera de combate desde la visita a Leganés hace cinco semanas, completara los 90 minutos. Hubiera tenido más lógica un susto muscular suyo ante este aparente exceso y no por parte de Iván, a quien se ha llevado con un mimo absoluto desde su anterior percance. Hay cosas que no se entienden y, pese a todo, hay que hacer una crónica con ellas.
Bermejo, de mala definición con derecha tras robo de Simeone, tuvo la primera en un arranque de encuentro que se acercó a un vendaval por parte del Real Zaragoza. Quien lo considere una exageración es muy probable que apenas haya visto partidos del conjunto aragonés esta temporada… Azón y Simeone eran las dos pirañas que tanto habíamos soñado en el área rival. El argentino anticipó un centro de Larra y remató al lateral de la red; mientras que el canterano obligó al mundialista Amir a despejar a córner un muy buen disparo desde la frontal del área.
La Ponferradina, con una alineación valiente y una propuesta inicial audaz, tuvo que replegarse ante la tormenta futbolística que arreciaba cerca de su portería y que ningún scouting de esta temporada podía advertir. Bermejo y Larra vieron pronto la cartulina amarilla, concentrándolas en la misma banda derecha. En ese contexto se entendió el temprano calentamiento de Puche. Quizá Bermejo esté sólo para 45 minutos y sería mucho riesgo empezar la segunda mitad con esa zona ya amonestada… Mientras se terminaba de compartir este conato de reflexión en voz alta, Azón se sentó en el césped y un escalofrío nos recorrió el alma helada.
Puche ocupó la banda izquierda y Mollejo pasó a jugar en punta con Simeone. El golpe conmocionó al equipo y la Ponferradina pudo sacudirse el acoso, pero no tuvo el olfato despejado para detectar la herida abierta en el rival e ir a por él antes del intermedio. Apenas una conducción de Derik y un posterior disparo de Medina, que desactivaron entre Lluis y Larra. Sin cambios al descanso, a punto estuvo de sacudir el tablero Simeone: madrugándole a Amir una temeraria cesión de Nwakali, pero su toque fue demasiado potente y se perdió por línea de fondo sin poder alcanzarlo. Es posible que el viento, intensamente a favor en ese momento, tampoco ayudara. Contra los elementos es imposible pelear, ya nos los advirtió Napoleón.
El Real Zaragoza quiso replegarse al inicio de la segunda mitad y permutó las posiciones de Mollejo y de Puche. La intención pareció doble: coger aire para aguantar una recta final en la que el banquillo no ofrecía demasiadas garantías y tratar de que el rival adelantara líneas, para que Simeone y Puche castigaran con sus zancadas los espacios que se abrieran. Apenas un cabezazo imperfecto de Mollejo –a centro algo elevado de Giuliano desde la izquierda- y una primera mano milagrosa de Cristian -tras un golpeo envenenado de Moi Delgado desde la línea de fondo- sucedió antes de que los entrenadores movieran sus escasas piezas. La Ponfe no disponía de más de cinco jugadores de campo en el banquillo…
Erik Morán y Yuri sustituyeron a Dieguez y Agus Medina, en un doble cambio ofensivo por parte de Gallego. Escribá respondió dando entrada a Luna por Larra y a Gueye por Mollejo, regresando Puche a la banda izquierda. Pape volvió a a ser una calamidad y desató ese sarcasmo triturador de La Romareda, que tan poco bien nos hace y tanto nos gusta. Falló incluso un mano a mano ante Amir en el añadido, después de ser incapaz de dominar la conducción en 20 metros de carrera. El árbitro terminó anulando la acción por fuera de juego, no está tan claro qué hubiera dicho el VAR.
El mayor problema del senegales, más allá de su inapreciable capacidad para dedicarse al fútbol profesional esta temporada, es que lleva ya cinco meses entrenando con sus compañeros y siempre parece que acaba de llegar. Ni medio atisbo de entenderse con ninguno, ni de interpretar cualquier mecanismo del equipo, da igual que sea ofensivo o defensivo. Sí ganó un balón de espaldas ante París Adot y supo cambiar el juego para que Luna ganase la disputa, el balón llegara a Bermejo, éste condujera por la frontal y sólo la cepa del poste de Amir negara un 1-0 que era un masaje entre tanta penuria. Lo fue, pero cardiaco, el manotazo final de Cristian a cabezazo de Naranjo en un córner. Anótenlo en la infinita lista de milagros del rosarino. Manu Molina fue el último cambio -sustituyendo a un notable Francho– y volvió a llenar de criterio los pocos minutos que jugó. Quizá se marche al Tenerife en este último día de mercado, aun tratándose de uno de nuestros centrocampistas más en forma; y es posible que termine llegando el extremo Bebé, pese a que si hay una prioridad -más allá de lo que revelen las pruebas a Azón- es conseguir un tercer delantero de mínimas garantías, para sumar cuanto antes los veinte puntos que todavía nos separan de la permanencia.
REAL ZARAGOZA: Cristian Álvarez; Larrazábal (Luna, 69), Francés, Lluís López, Fuentes; Francho Serrano (Manu Molina, 85), Zapater; Bermejo, Mollejo (Gueye, 69); Azón (Puche, 32) y Giuliano Simeone.
PONFERRADINA: Amir; Paris Adot, Pascanu, Amo, Moi Delgado; Diéguez (Erik Morán, 68), Nwakali, Agus Medina (Yuri, 68); Dani Ojeda (Ale Díaz, 90), Derik Lacerda (Heri Tavares, 80) y Naranjo.
ÁRBITRO: Jon Ander González Esteban (Comité del País Vasco). Mostró tarjeta amarilla a Larrazábal (20), Bermejo (24), París Adot (89).
INCIDENCIAS: Partido correspondiente a la vigésimo quinta jornada de Liga, disputado en La Romareda. 13.000 espectadores.
