¡QUÉ NOS DEN MORCILLA!
El Real Zaragoza se deja empatar en Burgos en el minuto 92, apenas tres después de que Atienza se marcara en propia y el triunfo pareciese hecho... Jair marcó el primero de un frentazo y quedó señalado en los dos recibidos. Fichen un psicólogo
Javi Hernández
(@SepiaHdez)
Archivo Daniel Marzo (@DMarzoFoto)
Decíamos en la previa que las quinielas están para romperlas y casi terminamos rompiendo la televisión. Por pura supervivencia de nuestro sistema nervioso y para respiro de un bolsillo poco profundo, hemos desarrollado una notable capacidad para la contención en el arrojo de objetos cada vez que el Real Zaragoza nos apuñala la carótida de nuestra ilusión. ¿Cómo no se puede ganar un partido en el que te adelantas, con un gol en propia del rival, en el minuto 89 y apenas decretan tres de añadido? Ganar es un verbo, también es un músculo y una costumbre. Nunca se olvida montar en bicicleta, pero puedes sufrir una amnesia severa de lo que es sumar tres puntos en un partido. Contra el Málaga fue por fallar todas y más contra Yáñez, aquí te temblaron hasta los empastes cuando te viste por delante en el marcador. Tenemos un problema de vértigo y hasta que no lo resolvamos, paradójicamente, cada vez vamos a estar más lejos de las alturas y más cerca del fango.
Quién nos iba a decir, viniendo de donde veníamos, que íbamos a marcarle al amurallado Burgos la mitad de los goles que el acorazado que ha diseñado Calero había recibido en toda la temporada. Con apenas cuatro encajados en 16 jornadas, este Real Zaragoza con colmillos de leche le dedicó dos dentelladas que debían haber servido para asaltar el feudo del segundo clasificado y rearmarse así moralmente para lo que venga. No fue así, lamentablemente, pese a que se tuvo en la mano y ahora el temor es que nos instalemos en un agujero negro de pesimismo y negatividad -sentir que si no hemos ganado los dos últimos partidos, es que no vamos a ser capaces de ganar ninguno- y el alud se nos lleve ladera abajo.
Fueron dos finalmente, pero pudieron selos ya en la primera mitad. El Real Zaragoza comenzó con una personalidad dominante, que ya ha mostrado en varias salidas esta temporada y que al cuarto de hora devenía en un espejismo. No fue así en esta ocasión, aunque es cierto que el Burgos niveló el choque mediada la primera parte y se sacudió un dominio notable del conjunto aragonés. Simeone prontó le encontró la espalda a Elguezábal: le madrugó el balón y se internó hacia la portería de Caro. El rival le persiguió sin terminar de cruzar la frontera del penalti y el argentino remató demasiado alto desde el pico del área pequeña.
El Real Zaragoza carece de un delantero referencia, mientras Azón recupera sus fibras dañadas y Gueye completa su mudanza futbolística desde el fútbol belga; a cambio, ha reunido a dos jóvenes y voraces pirañas que siembran el pánico incluso en las defensas mejor protegidas. Caro y Elguezabal, portero y central, figura y capitán, sufrieron un arranque del partido algo accidentado y el segundo tuvo que abandonarlo al cuarto de hora después de doblarse su tobillo izquierdo tras despejar un balón aéreo en pugna con Zapater.
Mollejo, quien ya había exigido al guardameta rival con un zurdazo desde la medialuna, que Simeone le recriminó por no atender a su desmarque por izquierda, fue asistido minutos más tarde por el propio Giuliano -tras un nuevo robo de éste- y ahí Caro se agigantó para negarle un intento algo imperfecto de disparo a contrapié. La película del anterior fin de semana parecía repetirse y el conjunto aragonés volvía a coleccionar muy claras ocasiones desperdiciadas ante la portería rival, aunque en esta ocasión los méritos parecían mayores: contra once, ante el segundo clasificado y en casa ajena.
Escribá –con Generelo ocupando su puesto en el banquillo, mientras el club eleva un nuevo recurso que reduzca los tres partidos de sanción que todavía le quedan-, insistió con su 442, con Ratón en portería y con Lluis en el centro de la zaga -haciendo pareja con Jair-. Larra entró en el once por Vada y Bermejo pasó a ocupar una banda izquierda que difumina demasiado su fútbol. Quizá Mollejo se habría adaptado mejor a esa posición y Bermejo a la mediapunta, pero el primero estuvo imperial ganando a los centrales rivales casi todos los balones aéreos que llegaban desde la defensa propia, permitiendo amenazar con segundas jugadas y desahogando los primeros conatos de dominio del Burgos.
Fuentes cometía alguna torpeza que dio la primera ocasión a Mourad, a Gámez se le envenenó un centro y casi homenajea a Goicoechea horas antes de un nuevo España-Alemania mundialista, Calero situaba a Gaspar a la altura del delantero y copiaba el 442 de su rival y Grau veía una clara amarilla por parte del mismo árbitro que lo expulsó en Cartagena y que provocó el inolvidable Ecce Homo de Carcedo ante el Lugo. Poco más ocurrió en una primera mitad que tuvo los goles esperados, pero varias ocasiones y muchas sensaciones mejores de lo previsto.
Sin cambios al descanso, la termita Simeone apenas tardó en morder la espalda de Zabaco en una jugada por banda derecha para forzar una falta peligrosa cerca del lateral del área del Burgos. Bermejo la puso con música y Jair cabeceó el vinilo al fondo de la red, para delirio de los zaragocistas que se reunían en el corner contrario y el ahí héroe Amador se acercó para celebrar el gol. Calero reaccionó con un triple cambio casi de inmediato y renovó todo su frente de ataque. Situó a Artola y a Gaspar en punta, con Valcarce llegando desde segunda línea, y las goteras en defensa se le comenzaron a acumular al conjunto aragonés.
Zapater y el amonestado Grau parecían suplicar un recambio, mientras Petrovic y Francho calentaban en la banda sin terminar de entrar. Mourad le ganó un balón a Jair, que debió ser protegido por éste hasta salir por línea de fondo; Curro probó suerte desde lejos y el Burgos -espoleado por el gol en contra- pronto encontraría el empate, tras una circulación demasiado cómoda que terminó con Matos centrando sin oposición y con Gaspar rematando a quemarropa un balón que ya había botado dos veces en su incursión en el área zaragocista… ante la mirada de Lluis y la muy impuntual llegada de Jair.
Petrovic, unos minutos tarde, sustituyó a Grau y Vada hizo lo propio con Larra, pasando Bermejo a banda derecha y recuperando sus conducciones y su fútbol influyente para la causa. El Zaragoza se rehizo de los momentos de mayor empuje de los locales y el final del encuentro derivó en un ida y vuelta donde Francho y Puche encajaban bien. Así fue. Francho emuló su conducción ganadora de la pasada temporada para terminar favoreciendo la salida en estampida de Gámez después de un córner favorable al Burgos. Centró tenso al segundo palo y Atienza se marcó en propia tratando de evitar el remate sobre la línea de Vada. Uno a dos en el minuto 89. Burgos volvía a ser talisman. Tres minutos de descuento, apenas dos cuando el balón se pone en juego. Una defensa más, a lo sumo dos, pero… Jair se queda enganchado y un globo encuentra a Curro a su espalda. Quien quizá debió de cerrar la plantilla de este equipo los primeros días de septiembre batió de fácil vaselina a Ratón. El VAR amagó con tirarnos un salvavidas, pero esta vez sí -y no como ocurrió con Simeone en Granada- las apariencias eran ciertas y el delantero rival estaba habilitado. El choque aún se alargó hasta el 96 y Petrovic, quien ya había visto su quinta amarilla por cortar un balón con la mano, fue expulsado al terminar el encuentro por decirle al árbitro: «Esto es una puta vergüenza». Si quiso tener algo de desahogo ante tanta adversidad, no fue entendido así y veremos qué decide el Comité esta semana. No se prevé que vaya a esperar hasta que el serbio abandone la disciplina del club aragonés para imponerle la sanción… Urge ganar pronto, para salir de este diván vacío de psicólogo. Nos ha mirado un rebaño de tuertos o quizá el tuerto lo seamos nosotros, porque el Real Zaragoza lo hizo todo en este partido: casi ganarlo y terminar negándose la posibilidad de hacerlo. Fuimos a Burgos y nos dieron -nos dimos- morcilla.
BURGOS CF: Caro, Areso, Córdoba, Elguezabal (Zabaco, 14), Matos; Atienza, Navarro (Artola, 59); Álex Bermejo (Mumo, 59), Curro, Gaspar Campos (Juan Hernández, 86); y Mourad (Valcarce, 59).
REAL ZARAGOZA: Ratón; Gámez, Lluís López, Jair, Fuentes; Grau (Petrovic, 70) y Zapater (Francho, 85); Bermejo, Larrazabal (Vada, 75); Mollejo (Puche, 85) y Simeone.
ÁRBITRO: Jon Ander González Esteban (Comité del País Vasco). Mostró tarjeta amarilla a Jaume Grau (38), Atienza (43), Mumo (66), Petrovic (88). Expulsó a Petrovic -roja directa- una vez acabado el partido.
GOLES: 0-1, min. 54: Jair Amador. 1-1, min. 65: Gaspar Campos. 1-2, min. 89: Atienza, en propia puerta. 2-2, min 92: Curro.
INCIDENCIAS: Partido correspondiente a la decimoséptima jornada de Liga, disputado en El Plantío. 9.000 espectadores.
