LA SEQUÍA MATA
El Real Zaragoza, superior al Eibar hasta la primera expulsión -minuto 40-, despierta a todos sus fantasmas al ser incapaz de superar a un rival que acabó con nueve... Carcedo no sabe exprimir la ventaja y el VAR anula un gol ganador de Bermejo
🐾 Javi Hernández (@SepiaHdez)
Alfonso Reyes (@Futbolgrafo)
Digamos que el Real Zaragoza fue mejor que su rival mientras éste estuvo con once jugadores sobre el terreno de juego y digamos también que el conjunto aragonés no sumó anoche tres puntos, a pesar de todos los pesares, porque el VAR se empeñó en ver una falta de Bermejo sobre Arbilla impropia de lo que siempre ha sido este deporte. Una vez hechos ambos apuntes, que corren el riesgo de ser pasados por alto en la mayoría de análisis, todos nos acostamos con la misma desazón: se trata de un empate que apenas suma. Diríamos que resta y divide. Colma paciencias y reabre cicatrices mal curadas. Los fantasmas de estas últimas temporadas, lejos de despedirse, amenazan con renovar su alquiler un curso más. Ni siquiera contra nueve -se jugó con uno más desde el minuto 40…- se pudo ganar a un Eibar, que ofreció las tablas antes del descanso y al que apenas se le puso en jaque. Puedes no ganar, incluso con dos más sobre el campo, pero no puedes terminar con la impresión de que has tardado en ir con todo a por el triunfo.
Si quiere tener una trayectoria larga y exitosa como primer entrenador del Real Zaragoza, Carcedo necesita gestionar con mayor agilidad y mejor flexibilidad los cinco cambios que se permiten desde la pandemia. Parece más cómodo en la preparación de los encuentros que en las reacciones inmediatas que el juego exige y ahí, hoy en día, se ganan y se escapan muchos puntos a lo largo de la temporada. Seguramente no disponemos de la plantilla más profunda de la categoría, pero sí da para jugar los distintos partidos que se libran dentro de cada partido… si el entrenador llega puntual a ellos.
Azón y Francho, esperado y algo sorprendente, fueron las novedades respecto al once que resultó atropellado en Miranda. Mollejo y Molina se sentaban en el banquillo, mientras el Real Zaragoza conservaba un 4231 con mayor cuerpo ofensivo y mejor pegamento en la zona central. Vada, de nuevo poco trascendente, bajaba a recibir mientras Francho ofrecía desmarques de rupturaque paliaban la timidez obligada de Gámez ante la atención de Stoichkov requería.
Simeone chocaba y ganaba siempre contra Berrocal, obligando a Tejero a proyectarse menos de lo habitual y cortocircuitando su conexión con Corpas. Aketxe, el faro de este Eibar, fue baja de última hora y Garitano apostó por un exceso de mediocentros -Alvarez, Matheus y Muñoz-, que ni creaban ni destruían. Jair, mientras, iba coleccionando remates de cabeza en el área rival y parecía el zaragocista más cercano a gritar gol. En uno de esos saltos perdidos contra Giuliano, Berrocal apoya mal, la rodilla se le hiperextiende y el daño parece evidente. Regresó al césped, pero apenas aguantó unos minutos y el portugués Venancio lo sustituyó a la media hora.
Apenas estuvo diez minutos en el terreno de juego porque, olvidando el ojo fiscalizador del VAR, Venancio soltó su antebrazo derecho contra la cara de Vada mientras Tejero se disponía a botar una peligrosa falta lateral. En el fútbol en el que la mayoría hemos crecido, varias décadas antes del videoarbitraje, la acción del luso hubiera merecido una tarjeta amarilla, en caso de que el árbitro o alguno de sus asistentes lo hubieran visto en directo. Ahora todo es mucho más líquido: una misma acción puede ser merecedora de tarjeta roja o ni siquiera de amarilla, según quién esté al mando del plasma y de lo artista que se sienta en ese momento.
Trujillo Suárez tardaba en reanudar el juego y la sensación de que el VAR podía citarlo ante el monitor era creciente. Lo hizo, finamente. Fue a verlo, expulsó a Venancio el breve y amonestó a un indignado Arbilla. Garitano sintió el agua a la altura de la cintura y tiró al mar todos los salvavidas al mismo tiempo. Sacó a todo lo defensivo que le quedaba en un banquillo muy reducido -apenas siete jugadores de campo, más dos porteros- y retiró antes del descanso a Corpas y a Stoitchkov por Correa y Nolaskoain, otrora denostado por La Romareda -cuando eligió el Deportivo en lugar del último Zaragoza de Víctor Fernández– y que ayer pasó inadvertido hasta para los revisores menos olvidadizos.
Garitano firmaba el empate ya en la primera mitad y no le importaba estar otro año más -69- sin que el Eibar marcase un gol en la capital aragonesa. No se nos iba a presentar una ocasión más propicia para ganar al conjunto armero… Había que reaccionar rápido y reformular el plan, porque el escenario había cambiado por completo. En el descanso, al que se llega tras un exagerado y poco productivo añadido de ocho minutos, Larrazabal sustituye a Gámez. El cambio tenía más sentido que en cualquiera de sus anteriores ocasiones: el lateral titular estaba amonestado y el Eibar ya no tenía con qué amenazar por ese sector. Larra estuvo insistente y generoso ensanchando el campo, pero no puso un centro con música de gol en toda la segunda mitad. Garitano siguió tirando de tarjeta de crédito y gastó su cuarto cambio en el intermedio, dando entrada a Leschuck por Bautista para dar oxígeno a su punta de ataque.
El nuevo guión del choque, afectado absolutamente por la roja a Venancio y por los cambios más que defensivos de Garitano, pedía dos nombres a gritos: Gueye y Molina. Si Azón no estaba para aguantar los noventa minutos, parecía conveniente adelantar la entrada del senegalés para que así coincidiesen un cuarto de hora largo en busca del primer gol. Su sociedad hubiera creado el pánico en un centro de la defensa muy poco resistente durante toda la noche. Manu Molina, merecido reserva tras firmar apenas un buen partido en siete jornadas, debía ingresar cuanto antes: no era necesario haber estudiado en Salamanca para prever que el Zaragoza tendría un porcentaje de posesión muy elevado tras la reanudación.
Gueye tardó tanto en salir, pasada la hora de partido, que ya lo hizo por Azón directamente; nada más anular el árbitro -VAR mediante- el gol de Bermejo y siendo conscientes de que el marcador continuaba empate a cero. Molina tardó todavía más… No salió hasta el minuto 82, seis después de que el Eibar sufriera su segunda expulsión y se quedara con nueve. Cuesta explicar algo cuando cuesta tanto entenderlo. Sirva la frase para cómo maniobró Carcedo conforme el encuentro parecía ponerse de cara y para el tanto borrado impúnemente al Real Zaragoza. Qué se le pasara por la cabeza y cuántos partidos habrá jugado en su vida quien se anima a llamar al árbitro para que revise una acción, que ya había visto él mejor que nadie unos segundos antes y, en vivo, nunca le pareció infracción. Sumiso acudió a la llamada y dócil aceptó la indirecta. Nadie duda de que si a Venancio no se le expulsa por empeño del videoarbitraje, éste se hubiera inhibido en el gol local. La tecnología avanza rápido, las miserias humanas permanecen por los siglos de los siglos.
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REAL ZARAGOZA: Cristian Álvarez; Gámez (Larrazabal, 46), Lluís López, Jair, Fuentes; Grau, Francho (Molina, 82); Bermejo (Mollejo, 66), Vada (Puche, 82) Simeone; y Azón (Gueye, 66)
EIBAR: Yoel; Tejero, Berrocal (Venancio, 29), Arbilla, Imanol (Quique Glez., 87); Sergio Álvarez, Matheus; Corpas (Rober Correa, 41), Javi Muñoz, Stoichkov (Nolaskoain, 41); y Bautista (Blanco Leschuk, 46).
ÁRBITRO: Trujillo Suárez (Canario). Expulsó con roja directa (39) a Venancio, por agresión a Vada; y a Javi Muñoz (76) por entrada violenta a Fuentes. Amonestó a Berrocal (24), Tejero (27), Gámez (34), Arbilla (39), Rober Correa (52), Matheus (68), Blanco Leschuk (74), Imanol (85), Jair (92) y Nolaskoain (92).
INCIDENCIAS: Partido correspondiente a la octava jornada de Liga, disputado en La Romareda. 18.500 espectadores. Minuto de silencio por Eduardo Navarro, entrenador de porteros del Deportivo Aragón.

Muy mal el entrenador, sin reflejos no empuje, que contagia al equipo.
Solo entro por saludar, bastante tienes con tener que escribir crónicas de estos esperpentos.
Saludos a todos.
Gracias, Luis!
Abrazos