ALFONSO REYES @futbolgrafo

COLOR EN LA GRADA, BLANCO Y NEGRO EN LA TABLA

El partido, de máxima rivalidad regional, tuvo mucho más ambiente en las gradas que fútbol sobre el terreno de juego. Destacamos esta primera imagen, como apertura de nuestro vigésimo álbum FUTBOLGRAFÍAS de la temporada, con JIM saludando al segundo entrenador de la Sociedad Deportiva Huesca, Antonio Calle -Xisco estaba sancionado-, con una mascarilla con el diseño de un cachirulo. Seguro que no fue casual y que el técnico -quizá en su último derbi- quiso compartir y evidenciar, con este símbolo, su profundo afecto por el Real Zaragoza y su afición. 

En una jornada de dos derbis en la categoría, debemos felicitarnos porque los aragoneses supimos manejar mucho mejor la rivalidad que los asturianos y el ambiente nunca excedió los límites del civismo y de la enemistad deportiva bien entendida. Mención especial para los 189 zaragocistas que pudieron acceder al Alcoraz y supieron hacerse notar con su apoyo incondicional y permanente a sus jugadores, quienes acudieron a su esquina a agradecérselo al concluir los 90 minutos.

Hablábamos de la posibilidad de que se tratara del último derbi aragonés de JIM en el banquillo del Real Zaragoza -al menos, en la etapa actual-. También existe la opción -ojalá no- de que fuera el último de Francés, si el canterano sale este verano rumbo a un club de Primera División. Francés tuvo una muy buena oportunidad en la primera mitad, en un cabezazo que no terminó de impactar bien; y atropelló a Joaquín tras pérdida, en la peligrosa falta lateral que desembocó en el gol de Seoane.

Fran Gámez no regala nada en ningún partido, tampoco lo hizo en El Alcoraz. Autor de la asistencia a Azón, su quinta de la temporada y la segunda consecutiva al canterano -suya fue también la del empate sobre la bocina de Iván ante el Amorebieta-, Gámez es una lavadora que elige siempre el programa de centrifugado. Incluso estando en el suelo, es capaz de intentar controlarla y mantener la posesión del balón, ante la incrédula mirada de compañero, de rival y de su propio entrenador. El gesto de su cara también acompaña al malabar que está firmando.

Sabin sigue buscándose y en esta ocasión, pese a que estuvo muy activo durante la primera mitad y fue una amenaza constante para la espalda de la defensa rival, tampoco logró encontrarse. Este disparo fallido, tras un muy buen envío en largo de Francés, pudo suponer su bautismo en el altar zaragocista. Habrá que seguir esperando y confiar en que pronto pueda recuperar sus mejores sensaciones, será muy importante de cara a la próxima temporada.

Eugeni fue la diana de toda la ira deportiva de la afición del Huesca, que no digiere que uno de sus ex sea ahora el faro futbolístico del Real Zaragoza. El ocho, siempre en el foco de la grada estuviese o no en contacto con el balón, sacó con intención varios córners y trató de sorprender en una falta lejana. Terminó siendo sustituido y saludando socarrónamente a quienes más le pitaban, sin poder marcar un gol que hubiera encendido todavía más los ánimos de una afición local, que fue mucho menos áspera con Jair.

Azón levanta el pulgar a un compañero tras un envío demasiado largo. ¡Cómo de fuerte iría para que Iván no llegara! Sirva la imagen para resumir sus últimos dos meses, donde ha sido capaz de marcar seis goles en nueve jornadas y asomar ya en solitario como el máximo goleador del equipo esta temporada. Ojalá su lesión muscular quede en lo menos posible y pueda regresar en unas semanas para seguir afilando y emocionando el ataque del Real Zaragoza.

El partido pudo escaparse en el añadido, cuando una desatención defensiva en un saque de esquina permitió a Ignasi Miquel rematar con toda la ventaja en el área pequeña. Su cabezazo se marchó al larguero y Cristian, sabedor de que cualquier esperanza pasaba por competir todos los minutos del encuentro, entró en combustión y se lo recriminó con vehemencia a sus compañeros, detrás de una red que le da aún más personalidad a la composición.

Esta última FUTBOLGRAFÍA parecería retratar una derrota y no un empate como visitante en un derbi, después de superar varias lesiones en el mismo. Es cierto que todo lo que no fuera ganar hacía aún más improbable el alcanzar la sexta plaza, pero esta reacción habla de un equipo que nunca ha dejado de creer, ni de exigirse. Por imposible que parezca y por en blaco y negro que se perciba ahora la clasificación, el Real Zaragoza debe continuar compitiendo así hasta la última jornada y acabar la temporada con la tranquilidad espiritual de haber llegado hasta donde sus fuerzas le han permitido. Siempre consiste en ser lo mejor que puedas ser, aunque a veces no dé para ser todo lo bueno que quisieras.

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